Herramientas para Madres y Padres

Temas diversos de interés para Madres y Padres.

Mi hij@ le tiene miedo a otros niños

 

 

Pensar en niñez es considerar a niños jugando con más niños de un lado a otro, pero ¿qué sucede cuando nuestro hijo/hija muestra ansiedad ante la idea de estar con otros pequeños, o con personas de su grupo de edad?. Algunos padres consultan inquietos sobre la posibilidad de que sus hijos tengan miedo de otros niños, llegando a mostrarse angustiados frente a la posibilidad de que el niño presente una posible fobia social.

Iniciemos explicando que los miedos infantiles poseen una función adaptativa, que le ayuda al niño a reaccionar frente a una situación peligrosa. De ese modo, el miedo es un mecanismo de supervivencia que protege al individuo de un peligro al hacerle reaccionar frente a este.

Como mecanismo, el miedo va modificándose en función de las edades de los niños, pasando de situaciones o condiciones específicas a aspectos variables de poca o mayor intensidad, que van convirtiéndose en advertencias infantiles pasajeras que a su vez reflejan la madurez del niño.

De ese modo, mientras un bebé de 6 meses teme a la separación materna y los extraños, un preadolescente de 12 podrá mostrarse ansioso ante las dinámicas que surgen en las relaciones sociales entre amigos.

Ahora bien, ¿puede un niño temerle a otros niños?, de manera natural no, un niño asociará el juego o la compañía de otros niños con una situación amenazante, si y sólo sí los padres han instaurado en el un rechazo que surge de la angustia de tener contacto con otros, o si las condiciones para llevar la dinámica con otros niños se dan en condiciones que resulten atemorizantes.

Y es que si bien es real que muchos miedos infantiles son evolutivos, innatos y adaptativos, otros miedos surgen como resultado de la dinámica del hogar, el modelo que ejerzan los padres y las verbalizaciones o reacciones que surgen en medio de las gestiones emocionales en la crianza.

Si esto es así, ¿por qué algunos niños se muestran reactivos, ansiosos y hasta temerosos frente a otros niños?, la respuesta radica en las condiciones de la dinámica con otros niños y en las experiencias que se han construido en torno a estas.

Un miedo innato y evolutivo son los ruidos fuertes, de modo que es normal que un niño pequeño se muestre ansioso ante la idea de estar con otros etareos, pero esta ansiedad no es la resultante de la dinámica con esos otros niños, sino de las condiciones periféricas como: ruidos excesivos, estar en compañía de adultos extraños mientras se da la convivencia con estos niños o la falta cercana de figuras de apego que le brinden confort y seguridad emocional.

Si a esto le sumamos, las peleas por juguetes donde los padres hacemos intromisión, verbalizaciones atemorizantes de los padres y cuidadores o desconfianza de estos ante las dinámicas infantiles entenderemos porque un niño se mostrará ansioso ante la posibilidad de relacionarse con otros niños.

Es claro que el factor personalidad también influye, algunos niños son más selectivos e introvertidos, lo cual no se corresponde con un problema si aprendemos a respetar sus espacios y modos de gestión de las dinámicas de amistad y juego.

Cuando como padres forzamos a los niños a llevar relaciones afectivas con otros pequeños, o a enfrentarse a situaciones sociales para las que no están o se sienten dispuestos o preparados, simplemente para responder y complacer las expectativas externas, les quitamos su poder y control personal, dejamos la gestión sobre su capacidad de respuesta en torno a la convivencia social ligada a complacer a otros, minimizamos su autoconcepto, llevándoles a elegir reacciones poco naturales y adaptativas frente a las dinámicas relacionales en la infancia, situación que puede irse ampliando e inclusive llevarles a desarrollar fobia social.

Considerando estos aspectos, es importante como padres ser muy respetuosos sobre el modo como acompañamos a nuestros niños en el desarrollo de habilidades de socialización. De modo que no solo les ofertemos las condiciones más adecuadas para compartir con otros pequeños, sino que además les guiemos, de modo que al partir desde el apego seguro con las figuras de amor y cuidados primarios, el niño vaya ampliando su círculo de socialización.

Además es importante observar las respuestas y dinámicas que el niño establece con otros de su mismo grupo etareo, así como las habilidades sociales, lingüísticas y psico/cognitivas esperadas según su edad. A fin de definir si existen otros criterios que pudiesen generar alarma en torno a la socialización.

Si requiere acompañamiento en la gestión de este u otros procesos de socialización, en mipsicomama contamos con espacio de atención terapéutica, consulte a través de info@mipsicomama.com sobre nuestro servicio de atención y consultas online.