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8 Posibles razones por las que los niños no siguen direcciones

 

 

El seguimiento de instrucciones es una competencia que se va alcanzando y madurando con el tiempo, incluye la habilidad del niño para diferenciar los estímulos del entorno de quién comunica la instrucción, comprender el mensaje que se comunica, accionar sobre su nivel de urgencia, memorizar la instrucción por partes y tener las competencias para ejecutarla, además de aceptar poner en pausas sus necesidades para permitir la puesta en ejercicio de una acción.

En este post, respondemos a la consulta que hacen muchos padres sobre las posibles razones por las cuales los niños no siguen direcciones, resaltando la importancia de la consideración de las necesidades del niño por sobre hasta la instrucción dada:

1. La dirección dada crea brechas entre padres e hijos: esto sucede especialmente cuando los padres comunican cosas socavando la integridad de los niños a través de malos tratos, solicitando distancia entre ellos u ofreciendo una consecuencia que violenta su ser en caso de no responder a la instrucción. Una manera de hacerlo es iniciar la instrucción gritando, amenazando al niño o sermoneándole, o pedirles que se alejen de ellos o el famoso "dejarles en paz".

De este modo, la dirección dada inicia con la condición de que mis padres no quieren estar a mi lado, o si no cumplo con lo sugerido estaré en graves problemas, estas variantes menoscaban el autoconcepto y debilitan la autoestima del niño, además de cerrar el campo perceptivo y de acción, convirtiéndose en la opción perfecta para que se bloquee la instrucción y no se ejecute. Ejemplo de este tipo de instrucciones en forma de insultos, amenazas u órdenes dadas con verbalizaciones de ira, son: "si no te vas a bañar te pego", "no te quiero ver ni, oír", "cuento hasta tres o si no vas a ver".

Piénselo de este modo, su jefe le dice: "elabora una presentación de power point o si no te despido", o si su pareja le dice: "lava los platos o si no te daré una bofetada" o "quítate de aquí que me sofocas".


2. La dirección dada se presentó cuando el niño estaba desatento: haga un ejercicio, imagine que tiene frente a usted una pantalla y que puede ver su dinámica familiar en ella. Muchas veces se percibirá como una metralleta que lanza instrucciones al vacío, esto ya que mientras usted habla y gira direcciones, sus hijos están con la atención centrada en estímulos que le resultan más atractivos.

Muchas veces en lugar de acercarnos, buscar que nos miren y que estén atentos a la instrucción dada, la gritamos desde un lado de la casa o vamos planteando cosas que hacer sin considerar si el niño está o no atento a nuestra sugerencia o petición.

Todos necesitamos conectarnos para poner en marcha una instrucción dada, y para conectarnos lo ideal es poner toda nuestra atención y enfocarnos en lo que se espera de nosotros. Es claro que los niños más pequeños (menos de 5 años) necesitarán más acompañamiento para estar atentos a una instrucción, obviando los estímulos del entorno, así mismo, los niños modelan las conductas de los adultos significativos, de modo que si como padres desatendemos las llamadas de atención de los hijos o las ignoramos, o estamos centrados en otras cosas como dispositivos tecnológicos (tv, celulares, ordenadores, tablets), es probable que les enseñemos de a poco a desatender nuestras llamadas de atención y por ende a minimizar su acción sobre las direcciones dadas.


3. La instrucción dada está desconectada de las necesidades del niño: sigamos con el juego imaginario, plantéese que está viendo una película y se encuentra en la mejor parte, su pareja entonces le pide que se bañe para salir a casa de los suegros. Es muy probable que usando su habilidad, adquirida con la madurez, tome par de opciones: a)le converse a su pareja que desea esperar que termine la película para hacer eso o b) ponga en pausa la película y se comience a arreglar.

En ambas situaciones, es la madurez la que opera, cuando somos niños nuestro mundo atencional está centrado en aquello que nos genera placer, y le damos prioridad por sobre el resto de las cosas. De modo que, las direcciones que como padres damos necesitan ser consecuentes y respetuosas con los placeres de los niños y no ir en su contra.

Ojo, no hablo aquí de complacencia, sino de flexibilidad, consideremos si podemos esperar a que eso que está haciendo termine, de ser no, acompañémosle a entender que en este momento hay que hacer otras cosas, respetando hasta si su humor o su disposición no está como esperamos de entrada. Cuando nos conectamos con sus necesidades y vemos el mundo a través de sus pequeños ojos podemos negociar y hasta, a través de la empatía lograr más de lo que haremos con ellos en total resistencia.


4. La instrucción dada presenta muchas variables y dificulta que el niño la procese: una instrucción es una cadena de acciones que es comunicada a través de claves que maneja el emisor, que además se mezcla con una serie de estímulos que percibe el niño a través de sus sentidos.

Muchas veces como padres no nos percatamos de que al dar una instrucción lo hacemos en un código difícil de procesar para los pequeños, en especial cuando las direcciones dadas vienen poco organizadas, o cuando las instrucciones se presentan como una sobrecarga sensorial que abruma al niño.

El cerebro del niño va madurando las competencias para organizar los estímulos que percibe y procesar la información del entorno, así mismo algunos niños son más sensibles que otros a los estímulos que perciben del entorno, llegando a convertirse en una tarea más compleja la de organizar instrucciones que llevan impresas mucha información sensorial.


5. La dirección dada les juzga: esto sucede especialmente cuando los padres ponen en marcha verbalizaciones donde comparan, etiquetan y hasta maltratan a través del verbo a los hijos. Al poner en marcha este tipo de instrucciones la disposición de poner en marcha la tarea y la respuesta emocional asociada a estas van disminuyendo paulatinamente, hasta que en un momento dado los hijos comienzan a hacer de oídos sordos cuando se les habla para proteger su integridad.

Una manera de llevar a cabo este tipo de instrucciones es "no seas tonto, haz bien lo que se te dice" o "veamos si esta vez si lo haces como es, porque siempre cometes errores" o "esa niña lo hace mejor que tú, no te da vergüenza". Lamentablemente este estilo de comunicación negativa en el hogar muchas veces es tan común que no la percibimos, nos insultamos entre los miembros del hogar, o ejecutamos comentarios constantes de desaprobación que van mermando la autoestima de los hijos y generando más resistencia hacia la instrucción que aceptación.


6. La instrucción se puso en marcha con un lenguaje desvinculado: al comunicar utilizamos no sólo el verbo, sino también gestos, así mismo, el tono de voz, el ritmo con el que comunicamos y las palabras que usamos pueden ser abridoras o cerradoras en la comunicación.

Padres que señalan, endurecen sus gestos, utilizan un tono de voz agudo y palabras inquisidoras logran menos resultados que padres que hablan de manera rítmica, pausada y con palabras reafirmadoras y positivas. Cuando no nos percatamos de esto, podemos ser fuente de lenguaje desvinculado, que en lugar de invitar al seguimiento de la instrucción provoca rechazo y distancia entre nuestros hijos y sus deseos por cumplir con lo planteado.


7. Las instrucciones puestas en marcha les abruman: volvamos a la pantalla en la que vemos nuestro día a día y contemos el número de instrucciones dadas. Si nos observamos desde afuera notaremos como a través de las direcciones vamos minimizando la toma de consciencia de los hijos y haciéndolos pequeños autómatas que responden a nuestras peticiones.

Te pongo un ejemplo práctico, una vez más tu hija de 7 años dejo la pijama sobre la cama, en lugar del cesto de la ropa, dirección que hemos dado muchas veces. Generalmente escucharías al cuidador diciendo "h¿asta cuando te voy a pedir que coloques la pijama en la ropa sucia?" O un simple: "coloca la pijama en la ropa sucia" o peor aún "¿estás sorda? O ¿hablo chino?, coloca la pijama en la ropa sucia". Como resultado La niña ve la dirección como un conflicto, como una de las miles de peticiones, direcciones e instrucciones que se ponen en marcha día a día, en su lugar, que tal si la invitas a ir a su habitación y chequear si falta algo por hacer, ayúdala a reconocer la importancia de colocar la pijama en la ropa sucia, hazla participe de la situación y de ese modo utilizamos el conflicto como una oportunidad de aprendizaje.

Hay que ser vigilantes de que nuestras instrucciones no sean como un disco rayado de pautas, que van una tras de otra sin pausa y posibilidad de toma de consciencia de parte de nuestros hijos.


8. Finalmente, sucede que los hijos olvidan parte de las instrucciones: en especial cuando las mismas son una cadena de acciones que poco a nada tienen que ver con el. Es normal que mientras los hijos van madurando sus competencias de organización necesiten más acompañamiento para llevar a cabo instrucciones, en especial cuando estas implican aplazar sus deseos para poner en marcha lo que se les solicita.

En edades de consolidación de límites personales (de 2 a 4 años) los pequeños podrán no ejecutar direcciones que impliquen más de una acción o poner resistencia a estas, esto como búsqueda de la autoafirmación propia de la edad.

Lo ideal es imaginar nuestro rol como un bambú que sabe que logra mucho más manteniéndose flexible. Esto implica acompañar a los pequeños en la gestión del cumplimiento de las direcciones dadas. Vincularnos con ellos preguntando si podemos ayudar y permitiéndoles sentirse competentes al momento de lograr algo que se les ha solicitado.

Si necesitas acompañamiento para esta y otras situaciones relacionadas con la crianza o notas que a tu pequeño se le dificulta potencialmente organizar una serie de instrucciones, mantenerse atento o si le ves particularmente abrumado, puedes consultar con un especialista. En Mipsicomama contamos con servicio de atención online, consulta sobre el mismo a través de info@mipsicomama.com