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Padres/Madres Mánager: la crianza desde la sobreexigencia

 

 

Siempre que se le pregunte a un padre qué desea para su hijo/hija, este responderá entre otras cosas que sea feliz. Sin embargo, en este mundo altamente competitivo y globalizado esa felicidad para algunos padres está asociada a la idea de ser el primero en todo.

Es por ello que en las últimas décadas se ha creado un ideal del Niño perfecto: organizado, ocupado, siempre haciendo cosas controladas y supervisadas por adultos, lo que ha generado a su vez un estilo de paternidad cada vez más sobreexigente y sobreexigida.

Padres y madres que se desconectan de las necesidades de los hijos para para entrar en el mundo demandante y dicotómico de ganadores o perdedores, llegando a minar las motivaciones y autonomía de los hijos.

Desde esta visión, los padres asumen que su rol en la crianza es el de garantizar competencias académicas, deportivas y sociales para sus hijos que les ayuden a triunfar, a estos padres se les conoce como padres mánager o padres sobreexigentes; pues su característica principal es que anda siempre buscando tener hijos "competitivos" para el mercado.

Por ello el éxito de los hijos se convierte en una necesidad que hace que los padres vivan todo como una competencia. Este estilo de crianza genera en la vida de los niños una presión social sobredimensionada que para muchos es difícil de manejar, y pone a los padres en la necesidad de tener hijos brillantes que pareciese a su vez exigir que ellos ser padres perfectos.

Así mismo, genera en los hijos una dependencia total hacia la aceptación, validación y valoración externa que dificulta la autogestión de sus comportamientos y elecciones.

Un padre o madre mánager se refiere a un modelo de crianza que surge en la sociedad hiperproductiva y que busca criar hijos que logren equipararse y/o superar las demandas del entorno, por lo que se centra en tres elementos claves:

  • Sobrecontrol: los padres se presentan siempre vigilantes o preparando el camino para los hijos, evitando por ello hasta el más mínimo error. En este estilo buscan controlar todas las variables de la vida de los niños, conduciéndoles siempre al cumplimiento de las expectativas materno/paternas, impidiendo así que los niños decidan sobre la base de sus gustos y preferencias, oprimiendo sus infancias superponiendo sus demandas y necesidades por encima de las de estos. 

  • Sobreexigencia: en este modelo no se acepta menos de un excelente en la vida de sus hijos y para ello presionan y presionan. Pueden llegar a saturar a los niños de horas de práctica o de actividades, todo con el objetivo de alcanzar ser los primeros y los mejores.

  • Sobreestimulación: desde el vientre materno son estimulados para cumplí con las exigencias planteadas por los padres. Estas necesidades de estimulación constante hace que desde bebés vivan con agendas apretadas y sin descanso todo fortalecer las competencias que los padres consideran indispensables.


Como vemos, esta tendencia de paternidad/maternidad va acompañada de un excesivo control en la vida de los hijos, la cual está dirigida y planificada por los padres. Como resultado tenemos niños con pocas habilidades de afrontamiento y frustración, generalmente ansiosos o centrados en el error, estresados, angustiados y poco creativos. Algunos niños desarrollan enfermedades psicosomáticas o dificultades en la gestión de las emociones y autocontrol.

Niños que podrán llegar a ser adultos insatisfechos pese a sus logros y alcances. Hay que considerar que en este modelo de crianza vemos como se borra la identidad individual para asumir una compartida entre padres e hijos. Por eso es común escuchar frases en la boca de los padres tales como: "Mañana tenemos práctica de fútbol".
"Pablito no podemos salir a jugar, tenemos violín". "Aún no nos salen bien los pasos marianita, tenemos que ensayar más".

Los padres que eligen una crianza centrada en ser mánager buscan con los hijos cumplir los propósitos y metas que ellos no alcanzaron durante su infancia o repetir modelos de exigencia vividos. Así mismo, las expectativas que estos padres proyectan en en la vida de los hijos les llena de presiones, inseguridad y dependencia cuyo resultado más claro es que el niño eclosiona producto del estrés que surge como resultado del agobio y la imposibilidad de disfrutar de su infancia.

Durante la crianza centrada en el ser mánager de competencias socialmente esperadas, se dispara una falsa sensación de urgencia generando una presión innecesaria en el niño que lo llena de estrés por las recompensas que no logra obtener, asfixiado por lo que no le permiten hacer o agotado por todo lo que debe emprender.

Criar un hijo debería ser un viaje, tomar su mano y decir: "vamos a descubrir quién eres, con todo el misterio, la incertidumbre, la alegría y las lágrimas que de ello puedan surgir".

Para avanzar en esta dirección, se necesita:
 

  • Reducir la velocidad, revisar sus expectativas y acompañar a sus hijos sin imponer patrones de logró.
  • Propiciar momentos de silencio, que inviten a mirar dentro y buscar los propios recursos. Es importante proteger la individualidad de los hijos y regular las interacciones paterno/maternas sobre estas.
  • Valorar los momentos de ocio y ver los espacios de aburrimiento como instantes para crear aventuras.
  • Procurar el disfrute pleno del rol materno/paterno desde la responsabilidad en el desarrollo de todo lo que el niño necesite, en términos de cuidados, necesidades, estímulos coherentes, apropiados y acordes a su personalidad y edad. Todo esto dentro de un clima familiar amoroso, afectivo, cercano, respetuoso que les respalde y les proteja.
  • Vivir más despacio con nuestros hijos para ayudarnos y ayudarles a disfrutar el presente con menos angustias. Hay que inmiscuirse menos y dejar que el niño haga lo que evolutivamente tiene por hacer. Se trata de guiar sin empujar, apoyar sin asfixiar, motivar sin demandar y amar sin condiciones.
 

Estos elementos se equiparan a los plasmados por el equipo de investigadores de Making Caring Common (“Hacer de la solidaridad algo común”), una iniciativa de la Escuela de Educación de Harvard, la cual resalta los comportamientos dañinos a los que se exponen los hijos cuando son sobreexigidos por sus padres, en especial cuando se prioriza el éxito personal sobre la amabilidad, la búsqueda de perspectiva y la madurez en la habilidad para gestionar sus emociones.

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