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Omisión y negligencia emocional: la otra cara del maltrato infantil

 

 

Hablar de maltrato infantil comúnmente nos llevará a pensar en acciones que pone en marcha un adulto con funciones de cuidador sobre los niños, acciones que van desde gritos, palabras malsonantes, comparaciones o emitir comentarios que violenten su integridad, pasando por ejercer la fuerza en forma de pellizcos, golpes, nalgadas, jalones, etc. y hasta llegar a la corrupción de menores y abusos sexuales.

Sin embargo, existe una forma de maltrato de la que poco se habla y es el relacionado con la omisión o negligencia emocional, el mismo supone la restricción o no disponibilidad del adulto cuidador para satisfacer las demandas emocionales y de cuidado o seguridad que requieren los niños para su sano desarrollo.

Según estudios llevados a cabo por el laboratorio de investigaciones en neurociencias de la ULL, en su proyecto Neurocorg, señalan que aproximadamente el 70% de los malos tratos en la infancia responden a la omisión o negligencia emocional, que supone la negación de atención y cuidados necesarios que garanticen la satisfacción de las necesidades asociadas a alimentacion, seguridad, salud y protección física, cuidados, estimulación psicológica, apego, interacción social y apoyo en lo relativo al aprendizaje.

Como característica general, el maltrato por omisión o negligencia emocional se basa en el fracaso por parte de los padres y cuidadores para percibir, interpretar y atender adecuadamente las necesidades físicas, psicológicas y emocionales de los niños.

Según la psiquiatra infantil Danya Glaser, existen 5 categorías distintivas al hablar de omisión o negligencia emocional:

1. No disponibilidad emocional, falta de respuesta, y negligencia:

Se basa en un patrón de insensibilidad parental, donde la madre, el padre o los cuidadores primarios están más preocupados con sus propias situaciones y problemas que por satisfacer las necesidades de los hijos. Algunas madres que experimentan depresión postparto pueden tener este estilo o patrón de relación con los hijos. Así mismo, este estilo es caracterizado por padres que viven conectados a sus obligaciones laborales, lo que les limita o impide la disponibilidad para responder a las necesidades emocionales del niño.

2. Atribuciones negativas y erróneas al niño.

En este caso, los padres/madres o cuidadores muestran hostilidad, denigración y rechazo hacia los hijos bajo un falso espejo de merecimiento de los malos tratos. De este modo, los padres se muestran negligentes emocionalmente asumiendo que ellos merecen estas respuestas pues les han cargado de atribuciones negativas.

3. Interacciones inconsistentes o inapropiadas con el niño, desde el punto de vista de su desarrollo.

En este patrón resaltan madres/padres o cuidadores quienes poseen expectativas respecto del niño que están más allá de sus propias capacidades evolutivas. Así como adultos que basan sus experiencias de aprendizaje en la sobreprotección y limitación de la exploración y el aprendizaje.

Otros modos se basan en el poco cuidado de los niños, dejándolos prestos a la interacciones en hechos confusos, violentos o traumáticos.

También es importante reconocer en este estilo irreflexivo la carencia parental de recursos que les permita atender adecuadamente los cuidados infantiles según la edad, o desconocer las prácticas disciplinarias que permitan el desarrollo del niño derivado de sus propias experiencias infantiles.

4. El fracaso en el reconocimiento o la toma de conciencia de la individualidad del niño y las fronteras psicológicas.

En este caso, los padres usan al niño para cubrir sus necesidades psicológicas, cubren con ellos los planes no realizados o los usan de escudo personal frente a conflictos. Se ve mucho en casos de disputas por tutela durante los divorcios o separaciones. Así como en niños que son presionados por sus padres a seguir planes que no desean.


5. La falla en la promoción de la adaptación social del niño.

En este caso se trata de que los cuidadores omiten acciones que permitan al niño la adaptación adecuada al entorno, negándole estimulación psico-cognitiva adecuada u oportunidades de aprendizaje e interacción.

Esta categoría contiene tanto la omisión de las necesidades del niño, como la promoción de actividades que impliquen al niño en actividades delictivas.

Reconocer estos patrones resulta imprescindible para garantizar la atención oportuna del niño que permita revertir los efectos negativos de este tipo de interacciones de crianza.

En mipsicomama contamos con espacios de acompañamiento en la crianza a través del formato de consulta online al que puedes acceder para informarte a través de info@mipsicomama.com