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¡Esto no es justo!

 

 

Con la llegada de los 4 años y el nacimiento de las emociones autovalorativas y autoreflexivas, más el uso cada vez mayor de las palabras como camino para expresar sus pensamientos, ideas y sentimientos, es común que la frase "mamá no es justo", "papá es injusto" aparezcan en el panorama. Parte del proceso se debe a que para ellos lo justo equivale a la igualdad de condiciones y muchas veces, su habilidad cognitiva aún sesgada les dificulta entender los matices de las condiciones para esa igualdad, así como descentrar sus percepciones de su punto de vista para explorar de manera menos concreta las situaciones. Poco a poco irán llegando a ese proceso, sin embargo, ¿cómo acompañar la gestión de esta frase que puede acompañar enojo, frustración y tristeza?.

Lo primero es entender, que debajo de esta expresión no se esconde un deseo caprichoso de nuestros hijos, sino el resultado de un análisis que subyace de sus capacidades cognitivas para filtrar la realidad. Al hacer esto, es necesario soltar nuestra necesidad de revertir el discurso, o de hacerle frente (contra), en su lugar, buscamos ayudarles a utilizar sus recursos para reflexionar sobre lo que viven y sacar así los mejores aprendizajes o resultados de la situación.

Al tomar esta perspectiva podemos entender que debajo de esta frase hay emociones que necesitan nuestro acompañamiento para canalizarse, además de que evitamos caer en el terreno de la culpa, la justificación o el ataque.

Claramente si la expresión viene acompañada de muestras físicas de enfado, es recomendable dejar que el enfado ceda. El diálogo y los argumentos que podamos poner en marcha mientras un niño hace un cuadro de irritabilidad o rabia pueden calar poco, pues la ráfaga de la emoción dificulta que lo que planteamos sea escuchado.

Una vez calmado y más receptivo, podemos indagar su sensación de injusticia, explorar dónde estuvo para él el límite, tratando de conectarnos con la fuente de malestar. Poco a poco podemos ayudar a nuestros hijos primeramente a entender los diferentes matices de la igualdad y la individualidad, por ejemplo: su hermano de 12 años puede tener un dispositivo móvil, pero el de momento no; con esto en mente, es importante que como adultos revisemos nuestros criterios de justicia en el hogar y evitemos caer en frases repetitivas como "el mundo es un lugar injusto", o "porque así lo hemos decidido", que poco espacio dejan a la argumentación y reflexión.

Acompañar a nuestros hijos en la búsqueda y puesta en marcha de soluciones a sus emociones puede ayudarles, no sólo a entender las situaciones, sino también a construir un camino hacia la gestión efectiva de las mismas, otorgándoles un papel activo y de confianza que les posibilita para el resto de la vida. Podemos iniciar siempre con un ¿te ha sucedido esto antes?, ¿cómo lo has solucionado?, esto con el fin de escuchar sus propuestas antes de llenarlos con las nuestras.

Estas oportunidades aparecen para que como padres, ayudemos a nuestros hijos a manejar sus propias emociones en lugar de invalidarlas, creando rutas efectivas para su solución. Claramente esto parte de dejar claro que en medio de la sensación de injusticia o la rabia no se busque dañar a otros, dañar objetos o hacerse daño a sí mismo.

Nuestra confianza en ellos les guía en su empoderamiento, además de que les permite ir madurando los recursos cognitivos necesarios para afrontar la sensación de injusticia que perciben del entorno, ayudándoles a elaborar mejor la situación y a lograr poco a poco, ponerse en el lugar del otro, ampliando su perspectiva y flexibilizando las consecuencias que puedan darse.

Si requieres acompañamiento en el manejo de estas situaciones o iniciar trabajo terapéutico en mipsicomama contamos con espacios de consulta online del que puedes recibir información a través de info@mipsicomama.com