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Mi hij@ se desborda emocionalmente

 

 

Las emociones abrumadoras que subyacen del enfado, la frustración, la irritabilidad, la ansiedad y el estrés, pueden generar en nuestros hijos comportamientos que ameritan nuestro acompañamiento para su gestión.

Muchas veces como padres, es tal nuestra necesidad de poner freno a estas conductas que podemos estar enviando un mensaje erróneo sobre cómo manejarlas, lo que pondrá en riesgo las habilidades de tus hijos para su gestión en otras oportunidades en las que se presenten.

Hoy te quiero invitar a que en medio de una emoción abrumadora que desborda y descontrola a tus hijos tú hagas una parada, un alto, un stop, te detengas ; esto ¿para qué? Y ¿por qué?:

•¿Para qué?


-Para oír, mirar y sentir con claridad y sin filtros previos lo que tus hijos tienen que decirte, de este modo, en lugar de decir cosas como: "no me interesa quien empezó esa pelea" o "deja de llorar", podamos conectarnos con las emociones que van teniendo cabida en ese momento con expresiones más empáticas y asertivas.


-Para medir su capacidad y sus habilidades para resolver el conflicto en el que se encuentra y de ese modo saber si requiere nuestra ayuda, o si es que le estamos pidiendo algo que simplemente (por su madurez, o por los aprendizajes adquiridos) aún no posee. De ese modo en lugar de decir "dale ese juguete a ella que es más chiquita", o "CALMATE", podremos entender que quizá en la edad que posee le cueste entender el criterio de compartir, o quizá la emoción es tal que no ve solución y se le dificulta calmarse para seguir.


-Para permitirle a la emoción y sus expresiones fluir. De ese modo en lugar de decir "quédate tranquilo" o "ya basta de tanto lloriqueo", podremos validar con frases como "estás enfadado", "sé que es frustrante lo que pasó", "te ves irritable".


-Para calmarnos nosotros, pues de nada vale entrar en el terreno emocional a acompañar en la gestión de los mismos si estoy tan tens@, molest@, irritable o estresad@ que siento la imperiosa necesidad de atacar en lugar de resolver.

 

•¿Por qué?


-Al conectarnos con nuestros hijos logramos una mejor sincronía y eso les da la oportunidad de fluir adecuadamente sobre las emociones. Muchas veces no necesitamos hablar, con solo mirarles con amor, aceptación, respeto y comprensión, las emociones que subyacen a las reacciones conductuales comienzan a tener su aparición y de ese modo, el diálogo se convierte en un recurso posible. Imagina que le dices "sé que es difícil lo que estás pasando" mientras los miras, o trata de pensar cómo te gustaría ser mirado en tus momentos de emociones más complejas, desde allí, desde esa conexión empática míralos, ayudándoles a sentir que no son juzgados o dejados de amar por su forma de actuar, sino que son comprendidos y que serán ayudados para solucionar las situaciones que se han presentado.


-Al tomarnos el tiempo para evaluar los recursos que poseen, podemos crear una estructura de las cosas en las que podemos trabajar una vez la emoción cese. De ese modo, aprovechamos la situación que de momento nos parece conflictiva y le damos uso para el aprendizaje de nuevas habilidades. Podemos parafrasear lo que nos dicen, para que así ellos puedan sentir en espejo lo que sienten. Así como también puedan ir escuchando lo que el otro interpreta sobre lo que ellos sienten, esto les ayuda a hacer las acomodaciones necesarias para expresar mejor sus emociones. A veces cuando brindamos soluciones en medio de las emociones abrumadoras, estas no calan del todo bien, pues la emoción está aún en caliente, lo que dificulta las habilidades para la toma de consciencia y ejecución, de modo que, es recomendable tomarse un tiempo antes de actuar o mostrar soluciones. Puedes esperar que la emoción vaya fluyendo en su cauce o esperar a que ya termine del todo de ser abrumadora.


-Imagina que las emociones son como una montaña rusa, es difícil que está se detenga en medio de una bajada, de esas que se dan a toda velocidad. En su lugar, necesitan una ruta más calmada antes de dar freno. De igual forma las emociones abrumadoras tienen sus picos y bajadas. Reconocerlas te ayudará a saber en qué momento dejar fluir y en qué momento intervenir. Cuando castigamos la emoción, le enseñamos al niño que está mal sentir y le obligamos a buscar otros modos para drenar en secreto algo tan humano como sus sentimientos, al final lo sumergimos en una idea de falso control que le lleva a actuar de maneras poco respetuosas consigo mismo a futuro.


-Nosotros somos espejo en la vida de los que nos rodean, de modo que nuestras reacciones potencian o disminuyen las reacciones de los otros. Si tu hijo se siente desbordado y tú te desbordas junto a él, probablemente la solución a la emoción no llegue. En cambio, si tú buscas calmarte, desde el entendimiento de que quizá esto no se resuelva inmediatamente, entonces podrás encontrar en ti mejores recursos para afrontar la situación sin atropellarte ni atropellarles en el proceso.

Como vemos, lejos de lo que creemos, hacer una parada, un stop, un alto, implica la puesta en marcha de más recursos de los que pondríamos a disposición si siguiésemos con desenfreno buscando poner fin a una emoción abrumadora en nuestros hijos, esas que sentimos que los hacen y nos hacen perder el control.


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