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Más allá de: hacer que deje de llorar

 

 

Un bebé que llora puede despertar en nosotros multiplicidad de emociones que van desde el deseo empático de responder a su llanto, hasta ansiedad por no saber qué sucede, estrés por hacer que el llanto se detenga e inclusive enojo por los significados que le hemos otorgado al llanto del bebé. El llanto es en esencia el modo de comunicación primario que establecemos con el mundo que nos rodea, en efecto el sonido del llanto expresa de modo inicial liberación de la tensión para quien lo pone en marcha y necesidad de atención inmediata por parte de quien lo escucha, es en medio de esta multiplicidad de asociaciones que las emociones se disparan tanto para el emisor como para el receptor.

Es claro entonces que un bebé llora porque alguna necesidad está buscando ser colmada y ha puesto en marcha el único modo que conoce para comunicar esta falta. En un principio los padres podemos llegar a desorientarnos con el llanto, en especial si nos centramos en a toda costa buscar decodificarlo, con el simple deseo de que el llanto se detenga; la realidad es que el hecho de que el bebé deje de llorar es sólo una fracción de la interacción que busca respuesta en medio de esta situación. De ese modo la recomendación de: no dejar llorar al bebé, más allá de querer a toda costa que un pequeño no llore, busca que los padres estemos conectados con sus necesidades y podamos responder a ellas de manera activa (consolar, responder a su necesidad) o pasiva (mantenernos a su lado y buscar ayudarle a encontrar la calma).

Es por ello que más allá de hacer que se deje de llorar, se trata de conectarnos con nuestros hijos, buscar entender sus necesidades, establecer comunicación para solucionar o para acompañarle durante la gestión del llanto que se pueda presentar. Para ello, necesitamos:

1.Mantener la calma mientras el otro llora: leer nuestros mensajes internos y tratar en lo posible de desconectarlos de lo que sucede. Si nuestros mensajes internos nos llevan a ponernos ansiosos, estresados, irritables o enojados, es recomendable hacer reflectora de los mismos una vez el episodio de llanto termine. Como sociedad nos hemos encargado durante años de reprimir nuestras emociones y de enviar el mensaje de que expresar nuestros estados emocionales abrumadores no es bueno y-o saludable, de modo que el simple hecho de que un niño llore nos remite a esto y puede activar en nosotros urgencias, exigencias y expectativas que no nos favorecen.

2.Aceptar el llanto: cuando le otorgamos significantes negativos al llanto, lo asociamos con algo que nos daña y de este modo, responderemos a el con huida o con ataque. Cuando asumimos el llanto como comunicación entendemos que el modo de sanar lo que sucede es escuchando, conectando y brindando el apoyo posible, bien sea satisfaciendo la necesidad o acompañando a su vuelta emocional al equilibrio. A veces un niño puede dejar de llorar y sentir que su necesidad real no ha sido cubierta, de modo que continua estresado e irritable, aunque no llore, lo que da muestras de que la necesidad primordial a atender va más allá de simplemente hacer que deje de llorar.

 

3. Cuida la sobrereacción: si le asignamos una carga negativa al llanto es muy probable que siempre nos mostremos alertas ante este, y que de a poco nos desconectemos de nuestros hijos, llegando a molestarnos cuando llora o a intentar distraerles del llanto con cosas o respuestas que poco o nada tienen que ver con su verdadera necesidad. De ese modo, olvida los trucos extraños que circulan por las redes sociales, o esos que te cuentan otros padres, nuestra relación con nuestros hijos no necesita depender de esas alternativas que lejos de ayudarnos a conectar nos desconectan.

4.Acepta la situación: conéctate contigo y con tus hijos, busca tu lado mas honesto, empático y gentil, de ese modo chequea primero en calma sus necesidades primarias, evita autocastigarte por ellas, en su lugar apodérate de sus particularidades, cada niño es diferente, cada padre y madre responden a él de manera diferente. Comunícate, explícale de la manera más calmada que estás tratando de entenderle y trata de mantenerte cerca, lo más cerca posible para que cuando la tensión del llanto emerja, la conexión de la comunicación prevalezca y desde allí el dialogo que acaban de poner en marcha se instaure en su relación.

Para acompañamiento en esta y otras situaciones de la primera infancia, puedes acercarte a nuestro servicio de consulta online a través de info@mipsicomama.com