Herramientas para Madres y Padres

Temas diversos de interés para Madres y Padres.

Irritable, lloroso, agresivo: Ansiedad la clave que quizá no vemos

 

 

La ansiedad en los niños puede ser un verdadero maestro del disfraz, escondiendo su verdadero rostro tras estallidos emocionales de enojo, irritabilidad constante, quejidos y lloros o incluso comportamientos agresivos que violentan a otros y a sí mismos. Cuando los niños están bajo los efectos de la ansiedad, su cerebro, específicamente la amígdala, percibe una situación como peligro o amenaza, de este modo, ejecuta una orden que envía al cuerpo un caudal de hormonas (entre ella cortisol, hormona del estrés) y adrenalina que predisponen la respuesta de huida o ataque.

La ansiedad puede aparecer en el momento menos esperado, a través de la percepción de cualquier situación como amenaza y su búsqueda de huida o ataque subyace de manera instantánea cuando la amígdala ejecuta el comando de protección para nuestro organismo. De este modo el cuerpo intenta liberar la tensión a través de respuestas físicas que dan salida a los impulsos neuropsíquicos que se han activado tras la percepción de amenaza. Una detenida exploración de la situación nos ayudará a encontrar otros síntomas físicos que dan mayor sustento a la presencia de ansiedad en el niño: tensión estomacal, ganas de vomitar, aceleración de la respiración, sudoración, aceleración del pulso, dolor de cabeza y hasta sensibilidad o hiperreactividad. Es por ello que más allá de la reacción ante las conductas poco beneficiosas que incluyen comportamientos agresivos, irritabilidad o llanto constante, conviene valorar el entorno del niño, las situaciones que experimentan y hasta crear un patrón que nos ayude a descodificar la causa de estas respuestas físicas y emocionales.

Mirémoslo de este modo, un cerebro ansioso es un cerebro en modo protección, así que la ansiedad es como el humo que dispara una alarma anti incendio, puede que el humo se trate de un incendio real o de algún alimento que se nos está quemando en la estufa, sin embargo, la alarma se disparará en la misma medida para ambas situaciones. Así funciona el patrón de huida o ataque que activa el cerebro ante la percepción de amenaza, de modo que en su búsqueda de protección puede recurrir a conductas que resulten poco beneficiosas y el punto de origen está en el modo como el niño percibe las situaciones o de lo que esté viviendo en el momento, inclusive estar frente a escenarios desconocidos o rutinas poco predecibles pueden ser disparadores de estos estados de alarma que generan estas respuestas asociadas a la huida o al ataque.

Es por ello que como adultos cuidadores, necesitamos estar al tanto de las causas de los comportamientos que resultan poco beneficiosos e intentar respuestas que ayuden a los niños a conocer lo que les sucede y a crecer cada día en la búsqueda de soluciones para lo que experimentan. Si en lugar de ello, emulamos la respuesta de huida o amenaza y nos tornamos amenazantes o distantes, de seguro, lejos de ser fuente de ayuda, estaremos aumentando el problema.

Si requiere acompañamiento para manejar esta y otras situaciones asociadas a la gestión de las conductas en sus hijos en mipsicomama contamos con un espacio de consultas online, solicite información a través de info@mipsicomama.com