Herramientas para Madres y Padres

Temas diversos de interés para Madres y Padres.

Cuando hablar no da resultado

 

 

En una #consultaonline me refería la madre que ella hablaba, hablaba y hablaba con sus hijos pero aún así esto no daba resultado pues sus hijos no le escuchaban...

Hablar, no necesariamente va a generar cambios inmediatos en el patrón de conducta poco beneficioso que se está instaurando. Las razones por las que se presenta esta situación son muchas, en primer lugar puede que muchas veces estemos hablando con un niño que no está receptivo para escucharnos.

Pongamos tres situaciones puntuales:

1. Mientras está en tensión emocional: cuando nuestras emociones están en el pico, nuestro cerebro activa funciones que están lejos de la corteza superior lingüística. De modo que estamos conectados con nuestro cerebro más emocional o límbico y nuestra respuesta será siempre más reactiva que reflexiva. Procurar de ese modo, primero ayudar a que la emoción principal fluya o se calme y buscar conexión (un toque suave, una mirada empática y aproximación afectiva silenciosa), puede darnos más resultados que simplemente tratar de conversar cuando el receptor no está emocionalmente dispuesto. Muchas conversaciones que se transforman en sermones, son poco efectivas pues el receptor no está dispuesto emocionalmente para recibir la información, el consejo, la pauta, o para seguirnos en la conversación.
2. Mientras se hace algo que le resulta "atractivo o estimulante", ¿has intentado conversar con alguien sobre algún tema serio mientras baila o ve un evento deportivo, o conversa plácidamente sobre algo gracioso con alguien más?, notarás que es muy probable que su rango de atención este disminuido y que lo que quieras decir no tenga el efecto esperado, esto es debido a que el placer y mantenerlo, prima en su deseo, sobre la reflexión activa. Entonces, imagina que tus hijos: ven televisión, o que están jugando con agua, o que están correteando por la casa, mientras tú intentas explicarle algo, lógicamente su atención estará centrada en aquello que les genera placer, su receptividad para otros estímulos/comunicaciones estará disminuido y por ende sus procesos superiores (toma de decisiones, introspección, etc) no estarán preparados para tu mensaje. Buscar hacer contacto visual (una manera puede ser colocarse a la misma altura del niño o por debajo de ella), o distraerle/invitarle hasta otro estímulo más calmado hasta que logre que su estado de excitación disminuya, o inclusive darle un indicador de preparación que le ayude a prever que en un momento determinado se conversará sobre algo específico, puede ayudar más que tratar de mantenernos en la idea de que lo que hablamos, pedimos calará solo por qué sí.
3. Mientras está ensimismado, muchos padres se sienten tentados cuando sus hijos están experimentando pensamientos o sentimientos abrumadores como la tristeza, la culpa, el miedo, a hablar con ellos sobre planes de acción y cambio. El detalle es que, muchas veces estas emociones abrumadoras pueden hacer que una conversación donde se espera que el niño logré autogestión desde la comprensión, se termine transformando en un espacio donde se sienta poco efectivo o capaz de lograr un cambio. Mientras un niño vive estados fisiológicos y emocionales que surgen de su propio estado de consciencia de las cosas, hay que potenciar en el niño su autoconocimiento desde la identificación de estas sensaciones de disconfort, pues pueden ser estas voces internas las que les ayuden a autorregularse sobre sus propias elecciones a futuro.

Otra de las razones por la que nuestros hijos pueden haber llegado a no escucharnos, es por el tipo de interacción que tenemos con ellos. Todo influye al momento de dar nuestro mensaje, desde el tono de voz, los gestos, las palabras, nuestras emociones como emisores e inclusive el mensaje que intentamos dar.

De este modo, si soy reactivo, mi mensaje está cargado de enojo y busco intimidar o generar miedo, lo que planteo tendrá menos resultado que si opto por vincular y ser más receptivo.

Mientras más integrados les permitimos estar, es decir mientras más validamos sus emociones y le ayudamos a percibirse dentro de la conversación, así como mientras más empáticos somos, nuestra comunicación con ellos fluirá desde un ganar - ganar.

En especial cuando centramos nuestro mensaje en prevenir situaciones que puedan ser poco beneficiosas o reparar los daños causados, viéndose siempre como agentes de cambio. Aunque no se traten de fórmulas te planteo acá pequeños aspectos que se suman a los descritos anteriormente, que puedes considerar para que tu mensaje llegue:

•Describe en lugar de sermonear, ayuda además a que tus hijos formen parte de la interacción.
•Reformula tus planteamientos, invita más y niega menos.
•Enfoca tu atención en las soluciones más que en buscar culpables.
•Edita tus palabras, evita caer en discursos largos que poco dejan espacio para la interacción.
•Sigue adelante, evita sentirte tentado a estar rumiando la situación una y otra vez, el objetivo de la comunicación centrada en la solución es proponer alternativas de acción y establecer acuerdos para obtener resultados positivos para todos.

Si requieres acompañamiento para estas y otras situaciones con tus hijos, en mipsicomama contamos con el servicio de consultas OnLine, solicita información a través de info@mipsicomama.com