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Desarrollo evolutivo de los miedos en la infancia

 

 

Partamos diciendo que es totalmente normal que un niño experimente miedo a algo específico durante algún momento de su infancia. En especial mientras el niño comienza a vivir más cosas fuera del espacio de protección paterno/materno, pues algunas experiencias, aunque a los adultos nos resulten inofensivas, pueden llegar a ser confusas y amenazantes para ellos. Con el paso del tiempo, es esperado que así como aparecen algunos temores, se espera que los miedos desaparezcan conforme se alcanza madurez emocional, aunque tambi[en puede suceder que otros miedos puedan llegar a crecer o expandirse, dependiendo, principalmente, de las experiencias que el niño tenga con este estímulo en particular.

El miedo como emoción presenta una función netamente protectora, da muestras del desarrollo de la habilidad cognitiva del niño para entender el funcionamiento de algunas cosas del mundo exterior, así mismo, mientras crecen, está emoción les permite crear una serie de códigos con habilidades para enfrentar estos miedos, demostrándoles el increíble poder interno que poseen para hacer frente a aquello que hasta hace un momento podía haberles paralizado.

Basado en estos planteamientos, en este post queremos proyectar los miedos más comunes durante ciertas edades, entendiendo que la individualidad de cada niño y sus experiencias puede tener un impacto en el modo como estos indicadores puedan tener presencia o ausencia en sus vidas.

0-2 años

Ruidos muy fuertes o cualquier experiencia que sobrecargue sus estímulos (por ejemplo: bajarlo muy rápido): ambos miedos se centran en que el sistema nervioso del niño aún es muy inmaduro para reconocer e interpretar la particularidad de ciertos estímulos. Entonces ante la percepción de que no están equipados para responder a ellos, el cerebro envía señales de alarma que les llevan a temer a estas situaciones, a fin de procurar para ellos protección.

Ser separado de sus figuras de apego: entre los 8 y 10 meses, los niños comienzan a ser conscientes de que las cosas desaparecen cuando no están en su campo de visión. Producto de ello, muestran signos de distrés al ser separados de las figuras principales de apego, pues se perciben indefensos y desprotegidos. Conforme se instaura la permanencia del objeto, los niños van asumiendo que aunque una persona no esté en mi campo de percepción no significa que no esté cerca y esta noción la van ampliando para luego (en un par de años) sentirse seguros por un número de horas lejos de las figuras de apego.

Extraños: entre los 6 y 8 meses los niños comienzan a reconocer los rostros y a diferenciar las caras familiares de las que no lo son. Los niños además a esta edad son muy recelosos con su espacio personal, de modo que preferirán estar rodeados de voces y rostros que le resultan familiares. Algunos niños serán más selectivos que otros, y vivirán la experiencia con más expresiones de temor que otros.

Personas disfrazadas o con objetos muy caricaturescos o desencajados del todo preceptual: una vez más, este miedo tiene que ver con la madurez del cerebro para integrar los estímulos en un todo. Además de ello, estar cerca de un adulto con un disfraz, por muy parecido que sea a su personaje favorito, desencaja de su experiencia directa con este estímulo y de su habilidad para percibirse en control de la situación, piénsalo así el Mickey que conoce mide no más de unos pocos centímetros. Algunos niños pueden acercarse, pero no sobre exponerse, otros ni siquiera podrán estar en el mismo espacio físico con alguien disfrazado.

En resumen en esta edad, todo lo que perciben fuera de su control puede despertar temores, desde el ruido del sanitario (del que desconocen hacia dónde va, de donde proviene y qué lo causa) hasta perros que sean más grandes que ellos. Los niños en este espacio evolutivo están viviendo las experiencias paso a paso, a fin de integrar los estímulos lo mejor posible a su marco perceptivo, cuando algo escapa de ello o es difícil de manejar pueden aparecer los miedos para protegerles en la experiencia.

2-4 años

Sonidos e iluminaciones sorpresivas o poco esperadas (relámpagos, truenos, un globo que explota, cohetes, el sonido del tren, perros ladrando fuerte): en este caso, los estímulos aún están incorporándose en el marco de percepción del niño, de modo que es común que todo lo que escapa de su comprensión pueda ser asumido como atemorizante.

Animales: quizá hasta el momento un niño podría haber sido receptivo a los animales, pero de pronto inicia el temor hacia ellos. Esto se debe a que comienzan a percibir algunos signos, que antes no notaban, y asumen que son indicadores de las cuales deben protegerse (dientes, uñas, comportamiento impredecible), este miedo está enraizado en los esquemas de supervivencia primitivos, de modo que es esperado que aparezca conforme el niño alcanza mayor movilidad e independecia.

Cosas que ven en la televisión, o leen en los libros: en estas edades los niños están aprendiendo de a poco a separar la fantasía de la realidad, pero este aún es un constructo en crecimiento. De modo que es normal que puedan temerle a piratas, brujas, duendes, etc. La mayor parte de la representación de este miedo se evidencia en forma de pensamiento imaginativo y representación en juegos o en forma de pesadillas o temores nocturnos.

4-6 años

Oscuridad: con su imaginación en constante movimiento, durante estas edades, este miedo se transforma en una extensión al miedo a los ruidos y las luces desconocidas, de este modo, cuando las cosas son percibidas fuera de su control o no se ven o escuchan de manera clara, la imaginación comienza a dar explicaciones cada vez más cifradas en la ansiedad sobre el significado de los estímulos que percibe.

Colegio o situaciones nuevas que supongan estar separados de las figuras de apego por más tiempo del que están acostumbrados: Durante estas edades, comienzan a ser conscientes de que hay cosas que pueden suceder mientras están separados de sus figuras de apego. De ese modo, es un miedo que se basa en una experiencia más real sobre la posibilidad de la separación.

Ser separado de aquello que ama o sobre lo que siente apego: En este caso, al igual que el anterior, comienzan a temer que algo les suceda o le suceda a eso que ama cuando ellos no están, pues las estructuras de control sobre las situaciones ya están comenzando a instaurarse.

Estímulos diseñados para dar miedo (personas disfrazadas de brujas, fantasmas, sonidos de puertas rechinando, pesadillas, etc): como su pensamiento está transformándose en una estructura más concreta, estos estímulos que están asociados a situaciones de miedo real, comienzan a cobrar sentido y simbolismo, pues aún los consideran como algo posible o real.

6 - 8 años:

Accidentes, enfermarse, la muerte o fenómenos reales que impliquen que pueda correr algún peligro o daño físico: durante estas edades los miedos más simbólicos comienzan a debilitarse, pero los miedos más concretos y basados en experiencias de peligro real comienzan a aparecer. Como extensión de este miedo algunos niños pueden temer estar en lugares solos, donde se perciban desprovistos de protección para afrontar algún peligro real que pueda suceder. También pueden crear asociaciones indirectas del peligro y entonces temerle a médicos, hospitales o evaluaciones de salud, pues asumen que existe la posibilidad de enfrentar alguna situación de peligro.

8 - Adolescencia:

Fracaso, las críticas o ser rechazado por otros: con la aparición de las emociones autovalorativas, es probable que la aceptación de otros y el alcance de metas sea una de sus búsquedas, de modo que si llegan a percibir que no encajan o que lo que son o hacen no les da los resultados esperados, o que pueden llegar a fallar o ser objeto de críticas por lo que hacen, entonces pueden llegar a comenzar a temer sobre las situaciones asociadas a esta percepción de poca eficacia. Muchos de los miedos están asociados a la posibilidad de no consolidar su experiencia a futuro o no alcanzar los resultados personales y de metas esperados.

Miedo a perderse, a desastres naturales, o a situaciones estresantes reales (terrorismo, ser secuestrados, un accidente, etc): Durante esta edad los miedos se transforman en una experiencia asociada a experiencias reales que amenacen su vida o su integridad. Puede suceder que los niños que han vivido experiencias cercanas o referenciales de estas situaciones se sientan más ansiosos ante la posibilidad de vivir esta experiencia que quienes no han tenido relación con estos fenómenos.

Como hemos visto a lo largo de esta entrada, el miedo como emoción adaptation va cambiando conforme el desarrollo cognitiva va madurando, pasando de la integración sensorial a miedos más concretos y cifrados en lo real. El miedo en la infancia no debe ser en sí mismo una señal de alarma, pues es natural que aparezcan, sin embargo resulta importante estar atentos al sufrimiento que desatan en los niños y en si los mismos se generalizan o se sostienen a lo largo del tiempo, pues darán indicadores emocionales que necesitarán ser considerados para su tratamiento y pronóstico positivo.

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