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Pegar, morder, patear, halar... cuando decir no, es insuficiente

 

 

Los niños no verbales y en edad preescolar, aún están en etapas de desarrollo de la comunicación y la autorregulación. De este modo, el control de los impulsos es una competencia en formación, lo que hace que las acciones que surjan como reacción, sean aquellas que están asociadas a procesos inferiores más instintivo, los mismos derivan en respuestas físicas (pegar, morder, tirar, halar, patear, etc.) en medio de situaciones en las que experimentan frustración, enojo, sobreexitación, miedo o simplemente cansancio o aburrimiento.

Muchas veces los padres pueden entrar en la zona de emociones abrumadoras sobre su rol y las acciones a tomar cuando estos comportamientos hacen su aparición. A veces producto del miedo de una profecía fatalista sobre el futuro de ese niño si no se actúa ya, otras veces enraizados en la culpa del ¿qué estoy haciendo mal?, y en otras oportunidades, con altas expectativas sobre la idea de que con decir "no pegues" o usar "palabras bonitas" los resultados comenzarán a aparecer.

La realidad es que estos comportamientos van mermando en la medida en la que la gestión sobre la regulación de las emociones y la competencia sobre la comunicación va madurando y por ende aumentando. Pues el concepto de elegir lo que es bueno, sobre lo que es malo, aún está en formación. Dicho de otro modo, están empezando a internalizar que estas respuestas físicas no son las más apropiadas, pero aún su cerebro primitivo, en medio de la tensión elige las respuestas físicas para drenar.

De este modo, no se trata de que ellos eligen hacer lo que les hemos dicho que no hagan, sino que aún la autorregulación y el autocontrol no es una competencia instaurada, es por ello que aquellos procesos superiores que obedecen a una cortex prefrontal formada van a ir apareciendo conforme el niño va creciendo.

El creciente autocontrol, aún inmaduro, les lleva a responder con este tipo de conductas físicas en situaciones estresantes, sobreexitantes, cuando experimentan emociones abrumadoras o incluso en medio de las necesidades físicas, de seguridad o de afecto no cubiertas. Algunas veces pueden procurar algunas acciones de autocontrol, sin embargo, si estas no dan resultados inmediatos, comenzarán a recurrir a las competencias instintivas ya instauradas.

 

Si eso es realmente así, ¿por qué el hijo de mi vecina no pega y el mío si?.


Existe varias razones por las que algunos niños en condiciones de crianza idénticas eligen las respuestas más físicas, que otros niños.

• Una de ellas es que hay niños cuya estructura cerebral (esa que interpreta estímulos y les conduce a encontrar respuestas) les hace responder de manera más afable hacia las distracciones, de modo que se descentran más rápidamente de aquello que les estresa, por ende se les hace más sencillo procurar poner su atención en otro estímulo y hasta solucionar de otros modos.

• Otra razón, considerando que sean niños en situaciones de crianza idénticas, es que algunos cerebros eligen la huida como reacción sobre el ataque, entonces son niños que generalmente ante la frustración y el estrés o la tensión reaccionan retrayéndose o llorando, lo que inhibe la respuesta física que subyace al pegar, morder, halar, patear, etc.

Ahora, imagina si tomamos condiciones de crianza diferente, entonces hablaríamos de un sinfín de factores que entran en juego y que hacen que el niño A pegue y que el niño B no lo haga. Algunos de estos factores son:

• Exposición a acciones similares de parte de los cuidadores y demás niños, que pueden ir desde el empleo de estos de respuestas físicas en ellos, como en otros u objetos.


• La reacción de los padres ante las muestras de respuesta física de los hijos. Pues mientras estos pegan por reacción instintiva, que un adulto con procesos madurativos completos reaccione igual es una elección. De modo que el niño crea una conexión: si algo me molesta pego.


• Las incosistencias, poca predictibilidad y poca línea de acompañamiento, rutina o conexión, también hacen que algunos niños peguen más que otros, con más intensidad y mayor frecuencia.


• La vinculación de este modo como único modo para obtener la mirada atenta de sus padres y cuidadores principales. "Si pego, muerdo, etc. mis padres me miran y aunque la atención que recibo es negativa, aún es atención".

Ahora bien, ¿qué hacer?


Lejos de tratarse de una serie de fórmulas, te planteo algunas ideas que funcionan como un camino, de modo que aunque el resultado no lo verás en un día, el uso consistente irá reduciendo los episodios. De modo que, serás una herramienta adicional a las ganancias propias de la maduración que su cerebro y sus emociones están llevando a cabo.

1. Supervisa, evalúa, observa: cuando una reacción física emerja, tómate un tiempo para evaluar aquello que lo produjo, de modo que puedas vincular el estímulo que produjo la reacción con la respuesta. Es a través de este estudio arqueológico (por decirlo de algún modo) que podrás empezar a desvincular la respuesta física de aquello que la causa.


2. Tómate en serio la prevención: ten en claro que las rutinas y las actividades que son más previsibles generan menos tensión emocional, así como tener las necesidades físicas, de atención, de seguridad cubiertas. Sin embargo, si notas que los indicadores de tu hijo están pasando de verdes a amarillos, es momento de mover la energía. Si tu hijo es de arañar, mantén las uñas cortas, si tu hijo USA más el manotón procura cuando lo veas en estado de frustración, mantener la distancia física o elevarlo, esta idea de ver al otro desde arriba, les hace percibir en control y la necesidad de reaccionar porque se sienten atacados disminuye. Evalúa también la percepción de territorialidad y pertenencia, pues algunos niños responden más a esta que otros. Por ende, si se percibe invadido, podrá poner en marcha estas estrategias de ataque.


3. Separar pero no alejar: cuando la respuesta física ha aparecido, el primer elemento a tomar en consideración es separar al niño de aquello que ha recibido la descarga, sea otro niño, seas tú, un animal o un objeto. Una vez hecho esto, crea una línea de mantras o frases edificadoras, fáciles de usar y recordar, esas que van más allá de un simple NO, esas frases que validan y que a la vez dan opciones: "entiendo que estás molesto, pero si me pegas duele", "las manos no son para pegar", etc.

Una vez dicho esto, toma el espacio para empatizar con quien recibe la respuesta física: El niño mordido, el perrito, etc. Pregunta o evalúa si está bien y finalmente centra tu atención en ayudarle a encontrar una solución a la situación.

Es importante estar claros que algunos niños hacen escalada a la respuesta, es decir, mientras mas tensión sienten más hacen uso de los recursos físicos, así que separarlos puede ayudarles a drenar la energía y no alejarnos les ayuda a sentir que pueden contar con alguien para aprender a manejar mejor la situación.

Se claro y firme con aquello de separar, pues a veces podemos nosotros ser la energía que crea la tensión que precede a la acción física, u otros adultos que puedan estar en escena, poniendo límites excesivos o creando condiciones estresantes.


4. Una vez que la situación de tensión se calme, habla o juega: ejemplo, puedes mostrarme tus manos que dan cariño, o puedo ver la sonrisa de tus dientes, podemos patear esa pelota, o podemos ver las piernas que bailan, podemos acariciar el cabello de mamá, eso les ayuda a reconectar el uso más adecuado de sus manos, dientes, piernas.


5. Crea espacios para drenar o conectar: un lugar calmado para estar si nos sentimos tensos, un cojín para golpear si necesitamos liberar la tensión, un juguete que distraiga, etc.

Mientras más pequeños más podemos distraer, si son más grandes más podemos ayudarles a validar y encontrar vías para reconocer sus emociones y solicitar ayuda.


6. Practica el juego de roles: puedes utilizar cuentos, títeres, juguetes, escenas de películas o dibujos animados para ayudarle a ir poco a poco entendiendo las implicaciones de sus actos y las maneras de redureccionar y conducir su energía, inclusive de formas alternas para conducir sus emociones.

Existen hasta aplicaciones móviles que puedes descargar y que haciendo uso adecuado de los dispositivos puede crear un espacio lúdico para entender lo que les sucede y actuar positivamente sobre ello.


7. Crea conexiones empáticas: cuanto les reconocemos sus emociones, creamos rutas para que ellos aprendan poco a poco a reconocer las de otros. De allí la importancia de validar y tomarse el tiempo/momento para conectar. Piensa siempre ¿qué espero que aprenda de esta situación?, ¿cuál es la mejor manera de enseñarlo?, eso en lugar de quedarte con la reacción que solo detiene la acción pero no enseña cómo actuar en situaciones similares.

Como vemos, elegir un trato ético y respetuoso es un camino que va más allá del uso de "palabras bonitas", se trata de entender las causas del comportamiento, conectarnos con nuestros hijos, buscar y construir juntos soluciones, poniendo en marcha recursos que les dan poder para en un futuro ejercer el cambio que esperas que suceda.

Recuérdate que a veces hay soluciones que necesitarán tiempo para ser maduradas y consolidadas, por lo que requerirán de nosotros energía, consistencia, congruencia y proactividad.

Por ende, parte de nosotros encontrar recursos para acompañar y termina en nuestros hijos, cuando ellos pueden y están equipados para tomar decisiones más autorreguladas.

Si requiere apoyo con estas y otras situaciones asociadas a la gestión de las emociones en la primera infancia, recuerde que en Mipsicomama contamos con un espacio de consultas OnLine, puede solicitar información a través de info@mipsicomama.com