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¡Auxilio!, mi hijo busca golpearse la cabeza en medio de un enojo

 

 

Antes de los 4 años de edad los niños utilizarán una serie de recursos más físicos para comunicar y drenar su enojo. Entre las diversas manifestaciones tenemos el buscar darse golpes en la cabeza de manera rítmica y repetitiva.

Lógicamente como madres y padres es normal que nos sintamos angustiados por estas expresiones de autolesión, sin embargo, cuando las entendemos podemos conectarnos con las recomendaciones para vivir esta etapa con la menor angustia posible y acompañar a nuestros hijos en el alcance de competencias emocionales de resolución más positiva:

  • Tal y como lo mencionamos es una etapa, por ende si es manejada con empatía y acompañamiento cesará a mas tardar cerca de los tres años de edad, especialmente cuando el niño aprende a poner en palabras las emociones que experimenta, su causa y las soluciones que están a su alcance.
  • Aunque no lo parezca es una forma de relajación que surge del movimiento rítmico y repetitivo. Inclusive el resultado es la liberación de la tensión física que se produce en medio de la frustración o el enojo, y el llevar a cabo este cabezazo les hace sentirse en pleno control de su malestar. Algunos niños llegan a utilizar el pegarse en la cabeza como modo de evasión de otros dolores como la dentición o dolor de oído, pues mueven el foco del dolor a un lugar que ellos controlan.
  • Si te detienes a mirar la conducta notarás que normalmente su frecuencia se incremente cuando tienen sueño, están fatigados o cansados. Y de ese modo drenan energía excedente que les devuelve al equilibrio.
  • Claramente, con esta acción están comunicando una necesidad inmediata de afecto, cuidado y protección a la que debemos atender. Si decidimos ignorarla, entonces el niño se percibe desprovisto de atención por parte de sus figuras de apego.
  • Notarás que a través de este recurso, el niño intenta canalizar su enfado y drenar la frustración; pese a lo angustiante que resulte para nosotros como padres, es una respuesta que ha encontrado para dejar fluir la tensión.

¿Qué podemos hacer para ayudarles?

1. Busca alternativas rítmicas que le ayuden a calmarse, liberando lo que siente. El arrullo, el balanceo, levantarle y cargarle, pueden ayudar a fluir sin perpetuar la autolesión como modo de gestión.


 2. Cubre las necesidades inminentes que surjan: sueño, hambre, necesidad de proximidad. Con esto te pones en un espacio preventivo, así mismo cuida la predictibilidad, pues para los niños en la primera infancia lo previsible les permite sentirse en control y fluir mejor en medio de las situaciones.

3. Toma precauciones para evitar que el golpe pueda generar una lesión. Súbele a una cama, a un sofá, o coloca tu mano para evitar el golpe en seco frente a una superficie dura.

4. Se empático y asertivo con lo que el niño está viviendo, tratar de minimizar la situación lejos de ser un modo de ayudar, puede ampliar la brecha entre ustedes y generar distancias que minimizan la conexión. Recuerda que tu hijo está necesitando de tu acompañamiento para aprender a canalizar estas emociones poderosas que le invaden y le llevan a reaccionar del modo como lo hacen, tratar de ignorar estas reacciones hace que las emociones busquen modos aún menos beneficiosos para solucionarse.

5. Crea un mapa verbal que pueda ayudarles a ambos, puedes ir desde validar la emoción: "entiendo que estás frustrado, molesto", añadir las posibles razones "se que esta situación es difícil por...", hasta brindar soluciones "mamá está aquí", "puedes llorar", "todos lloramos alguna vez", "estás bien, yo estoy acá", "si necesitas ayuda estoy justo a tu lado". Estos mapas poco a poco se van transformando en los elementos comunicacionales de la emoción.

6. Sabrás que ha terminado la ráfaga emocional y la tensión que subyace al enojo o la frustración cuando finalmente busque en tu regazo calmar su molestia y llore sobre ella. Allí en lugar de buscar darle lecciones y recomendaciones, demuéstrale cercanía y conexión.

7. Observa si aparecen de manera repetitiva o si se prolongan en el tiempo, e incluso, si pasados los meses, poniendo en marcha par de acciones considere el apoyo y acompañamiento de un especialista. En especial si nota otros signos de alarma o emergencia que puedan indicar que algo en el manejo de las emociones, la integración con los estímulos y la comunicación no va como se espera.

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