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Quieren más a mi herman@ que a mi

 

 

Esta frase podemos escucharla en más de una oportunidad en un discurso de una persona a lo largo de su vida, la mayoría de las veces matizada con dosis de frustración, rabia y hasta tristeza; en algunas ocasiones pueden venir expuestas en medio de gritos o como resultado de un conflicto entre pares, lo real es que más allá de los celos está frase viene a apuntar algunos elementos sobre el mundo interno de quien la dice, dejando ver que más allá de los celos entre hermanos hay una percepción de minusvalía a la que como padres tenemos que poner atención, brindar apoyo, acompañamiento y canalizar su solución.

NI MÁS NI MENOS, SIMPLEMENTE DE MANERA DIFERENTE

Como padres resulta importante comprender que cada hijo es producto de unos padres diferentes, si, como lo lees. Cada hijo viene al mundo con padres que manejan expectativas e ilusiones diferentes, así mismo que afrontan la paternidad desde otra perspectiva y más aún, cada hijo en su individualidad nos invita a sentirlos de manera diferente. De este modo, el punto de partida para minimizar el impacto de la afirmación "quieren a mi herman@ más que a mi" es hacerle sentir a los hijos el amor diferente que se vive por cada uno de ellos. En este sentido, no se trata de cantidad de amor, ni calidad de amor sino de amor desde puntos de vista diferentes, enfocados en la singularidad de cada miembro de la familia, sostenidos en las necesidades individuales y validado en función de los niveles de empatía que podamos llegar a sentir con cada uno de nuestros hijos.

Con esta realidad en mente es recomendable:

 

    1. Tratar a los hijos con base a su necesidad individual, evita generalizar el trato, es recomendable dedicar tiempo exclusivo con cada hijo donde puedas atender las necesidades individuales de cada uno.

    2. Evita las comparaciones y compras igualitarias, cada hijo tiene sus deseos y necesidades, englobar todo en un sólo artículo igual para todos puede terminar favoreciendo a unos y poniendo en desventaja a otros. Así mismo, las comparaciones son un recurso innecesario, en lugar de edificar tiende a debilitar el Autoestima, afianza cada punto positivo en tus hijos, respetando los puntos en común y los diferentes.

    3. Si surge la pregunta de a cuál quieres más? Conviene explicar que se les quiere, estima, valora y ama en igual cantidad pero de manera diferente. Puedes valerte de imágenes mentales, ejemplos o simplemente nombrar sus fortalezas para que así sientan de manera más clara a que se refiere eso de las diferencias. Ejemplo: Amo a Miguel porque es determinado y valiente, a Valentina porque es jovial y cariñosa, a Mateo porque es reflexivo y meticuloso. Trata en lo posible de hacerles saber durante el día cuales son esas características que reafirmas en ellos, a fin de que sientan que son observados de manera individual y por ende merecen ser tratados como individuos diferentes.

 

CUIDADO CON LA JUSTICIA EN EL HOGAR

 

Resulta importante cuidar el modo como ponemos en marcha la justicia en el hogar, en términos de los acuerdos de convivencia que favorezcan la interacción entre hermanos. Como padres podemos apoyarles a encontrar soluciones a sus conflictos, más sin embargo resulta importante dejarles resolverlos por si solos. Es decir, permitir en medio de un conflicto entre hermanos un tiempo prudente para que ellos solos encuentren y gestionen sus soluciones, de modo que no sea nuestra intervención la que opere, llevándonos en oportunidades a tomar bandos para ejecutar las decisiones. Observa cuidadosamente el modo como distribuyes tu tiempo y tareas, así como el tiempo que dedicas a cada hijo de manera individual. Los hijos deben sentir que son escuchadas sus opiniones y que se ha invertido tiempo para poner en marcha sus sugerencias, así que conviene hacer acuerdos de convivencia que inviten a la justicia entre hermanos.

 

Pudiese suceder que tengamos mayor afinidad con un hijo que con otro, está afinidad puede llevarnos a ser más pacientes y tolerantes con ese hijo, inclusive puede que seamos menos severos, sin embargo, es vital buscar las formas de conectarnos con el otro hijo, hay que partir por reconocer esta realidad basada en la afinidad e intentar poner en marchas mecanismos para ofrecer a los hijos las mismas condiciones de amor, entendiendo que la distribución desigual del tiempo y de la atención conlleva a una percepción desigual del amor, lo que eventualmente conduciría a que uno de nuestros hijos se sientan como víctimas del favoritismo, llevándoles a sentirse tratados injustamente, pudiendo experimentar estados emocionales negativos como tristeza, ira y frustración.

 

ADIÓS A LA OVEJA NEGRA

 

Es vital explorar el mundo interno del hijo que refiere la sensación de favoritismo, especialmente cuando en medio de un cuadro de frustración, tristeza y rabia deja saber que se siente en desventaja en relación con su hermano en lo referente al amor maternal. Es recomendable no hacer caso omiso a esta aseveración, más aún cuando uno de los hermanos manifiesta sentirse como la oveja negra, pues está situación de minusvalía menoscaba su autoestima y minimiza su autoconcepto. Cuando esas verbalizaciones surgen tome tiempo para dedicarle espacio atento y personalizado al hijo que define sentir la diferencia. Evalúe el modo como se está llevando la justicia en el hogar y construya soluciones en compañía de los hermanos. Es importante que los hijos se sientan valorados, respetados y atendidos por igual pues es allí donde se sustenta la sensación de seguridad emocional que le permite fortalecer su autoconcepto y edificar su autoestima y autoeficacia.

 

Como hemos podido notar esta frase puede acompañar a una persona a lo largo de su vida si los padres no invierten tiempo y toman acciones para ayudar a los hijos a sentirse valorados en igual cantidad pero en función de sus diferencias. Un niño que se siente en desventaja con sus hermanos arrastrará esta percepción hasta la vida adulta, pudiendo presentar dificultades en la esfera emocional producto de las heridas originadas durante la niñez, de allí que es vital no tomar esta frase a la ligera y utilizar su aparición (si llega a suceder) como un modo de extender nuestro rol en acciones más ajustadas a las necesidades individuales de nuestros hijos.