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Auxilio, pierdo la paciencia

 

 

La crianza de los hijos como proceso humano natural conlleva grandes retos físico y emocionales, muchas veces miramos nuestro reloj y nuestro cuerpo agotado de tantas labores no termina de creer que son las 9am.

Una de las situaciones más difíciles se presenta cuando los hijos, de la edad que sea, se muestran ansiosos, frustrados, molestos, oposicionistas o descontrolados; especialmente porque podemos llegar a sentir que esos estados están dirigidos hacia nosotros, que los mismos cuestionan nuestra labor paterna y o autoridad, llegando a entrar en un estado de emergencia que de a poco nos puede sumir en un punto emocional de bloqueo, lucha o huida. Sea cual sea el caso, nuestra historia personal, nuestros antecedentes en la crianza surgen como instintos primarios y la paciencia se puede nublar poco a poco llegando a percibir las acciones-emociones de nuestros hijos dirigidas hacia nosotros de manera negativa, convirtiéndole en nuestro enemigo momentáneo.

La tensión física, los movimientos cada vez más bruscos y rápidos, el tono de voz más alto son algunos de los indicadores visibles de que la paciencia se está mudando de nuestro ser; así mismo nuestro cuerpo se estresa y nuestro organismo comienza a acelerarse al reconocer toda la vivencia como una amenaza. Si no nos detenemos a tiempo podemos llegar a ejercer acciones que violenten la integridad física y/o emocional de nuestros hijos, proyectándoles que sus sentimientos no están permitidos, que no somos capaces de autorregularnos y que el control de nuestras emociones depende del control de las suyas.

Entendiendo que la crianza se lleva mejor desde un estado de calma he preparado algunas claves para manejar nuestras emociones ante las emociones difíciles de nuestros hijos, conectándonos con la idea de que nuestra labor no está para calmar un momento una rabieta, o "hacerles" obedecer por un instante, sino para trascender y ayudarles en el proceso de construcción de su persona, de manera integra, feliz, respetada, positiva, empática y autorregulada. En el siguiente apartado te condenso algunas de esas claves para recuperar la paciencia perdida.

REDUCIR:


Una de las primeras claves es reducir el estado de alerta, para ello pudieses necesitar detenerte, salirte del espacio donde te encuentras y respirar profundamente. Mermar el estado de emergencia es la clave de este proceso, recuérdate que lo que está sucediendo no necesita solucionarse de manera urgente. Intenta conectarte con tu respiración, suelta la tensión física haciendo movimientos liberadores con las manos (agítalos), bebe agua, busca disminuir tu velocidad y hacer consciente los pensamientos negativos que están surgiendo, a veces nos podemos ayudar de frases reafirmadoras: "es un niño", "sólo necesita un poco de ayuda", "paciencia mamá", que nos recuerden que las cosas pueden tornarse peor si nuestro estado emocional se altera y perdemos el control. Puedes leer el post 8 detonadores de malos ratos con los niños para evaluar que puede estar disparando la reacción emocional de tu hijo y nivelar tus expectativas en función de sus comportamientos.

RECONECTA:


Regresa al aquí y al ahora, muchas veces nuestra respuesta física y emocional se detona pues estamos conectados con profecías autocumplidoras o comentarios negativos que se nos hacen "es un malcriado", "no le has puesto carácter", "le estas haciendo un daño", por su parte toma frases positivas (puedes crear hasta un bol para ellas y tomar una) "estamos pasando por un momento difícil, pero ya pasará". Así mismo reconoce que tu hijo está necesitando ayuda y que puedes apoyarle, un "entiendo que quieres esto ... Pero yo necesito esto ... Vamos a ayudarnos", está y otras pautas pueden ser parte de las frases positivas que podemos tener en estos momentos. Intenta responderte: ¿cómo podemos canalizar esta situación?, utiliza este espacio para acercarte mientras tu respiras entendiendo que está es la manera como tu hijo libera sus emociones.

REDEFINE:?

Una vez que la situación termine y te encuentres en calma busca las claves que puedas tomar de aprendizaje de esta situación que te ayuden a prevenir y controlar de manera más rápida una situación similar. Así mismo, aprovecha lo vivido para enseñar a tu hijo mejores maneras de canalizar sus emociones y obtener sus objetivos, puedes elaborar listas para ambos de posibles soluciones ante situaciones similares. Así mismo, puedes autoevaluarte para cambiar de a poco lo que necesita ser cambiado en ti.