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Custodia Compartida: hacia el ejercicio de una verdadera coparentalidad

 

 

En días pasados en una #consultaonline una madre me explicaba lo complejo que se tornaba para ella y su hijo el tema de la custodia compartida. De modo que en este post planteo algunas consideraciones que elevan la posibilidad de que esta manera de vivir la crianza de los hijos se lleve a cabo de forma más beneficiosa para el interés de el menor.

 

Hay que partir por conocer que son numerosas las investigaciones (*) que reportan que cuando una custodia compartida es llevada a cabo en las condiciones que favorecen al menor, estas siempre reportan beneficios, en especial cuando la conflictividad de los padres va mermando luego de una nulidad, separación o divorcio.

 

De este modo, la custodia compartida reduce la hostilidad que pueden sentir los progenitores, tras la amenaza de percibir que perderán a los hijos, en especial si estos llevan a cabo procesos individuales terapéuticos que les ayudan a manejar el duelo que se produce tras la finalización de la vida de pareja. Es por ello que una custodia compartida, llevada a cabo de manera consensuada y armónica, permitirá que el niño viva la posibilidad de criarse y mantener relaciones constantes con ambos progenitores y sus familias sin que esto afecte su psique y el desarrollo equilibrado de su salud física y emocional.

 

  1. EL INTERES SUPERIOR DEL MENOR: esta es la primera premisa a considerar cuando hablamos del ejercicio sano de una coparentalidad tras una ruptura de pareja. De este modo, ambos padres necesitan dejar de lado las heridas que han devenido de la separación, los miedos que subyacente a este nuevo estilo de vida y las necesidades individuales,  para dar paso a estrategias organizadas y conscientes, donde el acento principal sea satisfacer la necesidad del menor desde convenios establecidos por los adultos que fluyan de manera natural sin perturbar la dinámica de vida del niño. Es por ello que la planificación de las jornadas de custodia (entre otros puntos relacionados al plan de crianza) deberían amoldarse a la edad del niño,  respondiendo y respetando positivamente  sus necesidades de apego, seguridad y confort. Por ejemplo: en los primeros dos y hasta tres años de vida, el niño podría necesitar más tiempo con la figura materna, lo que no supone la exclusión del padre, sino la inclusión de ambos en jornadas conjuntas. Así mismo, a lo largo de la vida del menor, podría considerarse más oportuno el uso de un calendario de custodia flexible y consensuado  (más allá de un simple: “este fin de semana te toca con tu padre”) que garantice el cumplimiento de las rutinas del niño. Para ello, ambos padres necesitan definir un plan de crianza que responda de forma detallada los acuerdos sobre el manejo de las situaciones que atañen al menor.
  2. MENOR CONFLICTIVIDAD ENTRE PADRES, MAYOR BENEFICIO PARA EL NIÑO: La negociación, la cooperación y el establecimiento de acuerdos en conjunto son clave fundamental para el ejercicio de una coparentalidad efectiva que facilite el proceso de adaptación del menor a la dinámica de custodia. Si los padres han vivido una ruptura cargada de conflictos o si mantienen posturas rígidas posiblemente el menor sentirá que necesita asumir conductas poco beneficiosas para ser el foco de atención superior al conflicto entre ambos padres, podrá incluso sentirse obligado a  apoyar a algún padre y minimizar al otro o hasta quizá comience a manifestar indicadores de alerta de alto riesgo psicológico como resultado del proceso de custodia. Cuando la conflictividad supera la cooperación, entonces situaciones como: ruptura o incumplimiento de acuerdos, ocultamiento de información, descalificaciones hacia el otro padre, competencia entre ambos progenitores, cacerías de culpables, desentendimiento de las responsabilidades, presencia de síndrome de alienación parental, entre otros fenómenos crearán un terreno de  inestabilidad para el menor. De este modo, como padres se puede recurrir al uso de una tercera pieza en la negociación, que con una postura imparcial nos ayude a definir acuerdos, mientras vamos sanando el camino de la ruptura de la pareja o trabajamos de manera consciente nuestros temores a la luz de la separación, nulidad o divorcio, en especial con la nueva dinámica con nuestro compañero en la coparentalidad y nuestros hijos.
  3. LAS RUTINAS Y EL ACOMPAÑAMIENTO SON CLAVE CENTRAL: Una vez más este aspecto supone la puesta en ejercicio del bienestar superior del menor, pues, no solo se trata de definir los días en los que el menor convive con alguno de los padres, sino que incluye el establecimiento de responsabilidades conjuntas, más la definición de una dinámica de vida personal inclusiva del menor y del otro progenitor. Así por ejemplo, situaciones como: distancias de residencias, dinámicas laborales o de vida, dinámicas familiares, manejo de las situaciones emocionales, límites y consecuencias necesitan puntos de acuerdo. Así más allá de que el hijo se transforme en un hijo de fin de semana, o que alguno de los padres tenga solo planificaciones como ir a centros comerciales, o jugar con consolas electrónicas, se tratará de realmente establecer acuerdos de crianza que van desde actividades sociales, hasta cumplimiento de responsabilidades del colegio o de salud, como por ejemplo llevar al menor al odontólogo.
  4. NO ES MI HIJO NI TU HIJO, ES NUESTRO HIJO Y SOBRE ESO ES UN SER HUMANO QUE MERECE RESPETO: A veces las separaciones o rupturas de parejas llevan a las personas a sentir que el hijo es una propiedad que necesita ser dividida como se ha hecho con el resto de las cosas que antes compartían. La realidad es que esta postura solo fragmenta nuestro trabajo en el ejercicio de una crianza conjunta. Prohibirle a nuestros hijos compartir o comunicarse con alguno de los progenitores o sus hermanos sin que existan factores que hicieran inviable la custodia compartida (que el progenitor haga algo que ponga en riesgo la vida, estabilidad y seguridad del menor) lejos de ayudar a nuestros hijos a llevar mejor la separación crea brechas que puede afectarle a nivel psíquico y emocional. Así mismo limitar nuestra experiencia de parentalidad a simplemente estar en los momentos más fáciles de llevar (jugar al policía bueno o malo con el otro progenitor) conduce a nuestros hijos a utilizar las herramientas emocionales que les estamos modelando, por ejemplo el chantaje - manipulación emocional o la dificultad en el manejo de situaciones abrumadoras.
  5. INDICADORES DE ALERTA DE ALTO RIESGO PSICOLÓGICO: es importante como padres en equipo coparental, mantener la comunicación constante en especial consultar a algún especialista si notamos en nuestros hijos algunos indicadores de alerta que pudiesen estar refiriéndonos que a nuestros hijos se les está haciendo complejo el manejo de la situación de custodia. Algunos indicadores son:

-Alteración significativa de los patrones de sueño alimentación.

-Presencia de síntomas psicosomáticos de ansiedad, por ejemplo eccemas, dolores de cabeza o estómago.

-Agresividad con alguno de los progenitores, puede que en un principio se despida bien de uno de ellos, pero luego muestra rechazo o perdida de la confianza.

-Sentimiento de profunda tristeza, desinterés, o incluso irritabilidad.

-Sensación de abandono, inseguridad, estrés o ansiedad.

 

Muchas veces los progenitores temen comunicarle al otro padre que estas situaciones están presentes en el menor, pues asumen que esto puede minimizar su espacio de convivencia con el menor, sin embargo mientras más comunicación existe entre ambos padres, más fácil pueden manejar estos indicadores, que posiblemente muestren que la situación de separación se está haciendo difícil de manejar para el menor.

 

Para leer más sobre separación y ruptura, visita nuestros post

 

http://www.mipsicomama.com/Temas?tema=156

 

http://www.mipsicomama.com/Temas?tema=121

 

http://www.mipsicomama.com/Temas?tema=18

 

http://www.mipsicomama.com/Temas?tema=2

 

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