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Temas diversos de interés para Madres y Padres.

Estamos listos para nuevo embarazo?

 

 

Una vez hemos vivido los acontecimientos ligados a nuestro primer embarazo y momentos asociados a nuestra primera experiencia en la maternidad es común que surja la interrogante cuándo es el momento "ideal" para vivir la experiencia nuevamente?. Algunas familias eligen la monoparentalidad, pero para quienes desean convertirse en padres nuevamente pasan por interrogantes como: será el segundo (o tercer) embarazo igual que el primero?, cómo será el tema de los celos entre hermanos?, podré con más de un hijo/hija?, ¿cómo coordinar todas las labores estando embarazada?, ¿cómo ayudar a los hijos a que tengan una buena relación?, en fin. Partamos por aclarar que no existe "momento ideal" para un nuevo embarazo, sino una serie de condiciones a considerar que nos ayudarán a vivir la experiencia de una manera más liviana. Más allá de la realidad de las necesidades biológicas y los aspectos a considerar a nivel Ginecobstétrico, el centro de toda la situación se enfoca en el modo como los padres asuman y vivan el nuevo embarazo y sus consecuencias en la dinámica familiar, si, tal y como lo leen, los padres.

 

Hay una frase que plantea "cada embarazo es diferente" de allí que no hay modos de predecir como se comportará nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra familia y nuestro primogénito ante esta situación. Es claro que, producto de los planteamientos anteriores como padres muchas veces intentamos decidir el momento para tener un segundo hijo en función de las necesidades del primero y estas siempre serán fluctuantes.

 

En efecto, hace millones de años, nuestros antepasados optaban por el segundo hijo cuando las necesidades del primero estaban del todo cubiertas, de este modo, ya el primero debía haber dejado la lactancia (único modo de alimentación), lograr cierto nivel de autonomía de la madre para el traslado y la supervivencia, tendiendo a ser la brecha entre hijos de 4 a 8 años.

 

Desde hace más de un siglo para acá la separación entre ambos hijos se fue haciendo cada vez más cercana, eso gracias a la facilidad de las familias para garantizar estabilidad física y alimentaria de los pequeños, de este modo, lo único que restaría por compartir sería el tiempo y atención de la madre, así como los cuidados derivados de su rol. Con base a ese planteamiento plasmaremos los puntos a considerar de una brecha corta entre hermanos y una más prolongada.

 

SEPARACIÓN CORTA (entre 12 meses y 4 años)

 

Entre los puntos a considerar para estas etapas tenemos:

 

  • El primogénito se encuentra en una etapa de desarrollo y consolidación del YO, por ende existen muchos puntos de autonomía para los que necesitará del tiempo y la atención materna (aprender a caminar, aprender a hablar, dejar el pañal, dormir en su cama, dormir la mayor parte de la noche, adaptarse a la vida escolar, dejar la lactancia o el biberón, entre otras). Producto de ello la llegada de un hermano le pudiese llegar a restar dedicación y acompañamiento de los padres en la consolidación de estos avances evolutivos. En oportunidades puede suceder que el primogénito se sienta desplazado, comprendiendo poco la demanda de tiempo y atención del nuevo bebé, llevándole no sólo a experimentar celos sino también a regresión de los alcances en autonomía logrados. En este punto es recomendable preparar al primogénito para lo que se viene con el nuevo bebé, definiendo que nuestro amor no se muda ni tendrá una reducción, sino al contrario se fortalecerá con esta nueva figura dentro del hogar. Como padres nuestras angustias pueden llevarnos a vivir la llegada del nuevo hermano, desde el miedo de que estamos dándole menos al primogénito, es este miedo el que a veces nos lleva a vivir con menos naturalidad una transición natural como "dejar de ser hijo único y ser hermano", comenzamos nosotros mismos a comparar, a enjuiciar nuestro rol y desde estas angustias nos convertimos en espejo para nuestros hijos, quienes viven entonces la llegada del nuevo integrante con ansiedad. El consejo aquí es vivir la situación lo más naturalmente posible, hay que prepararse para tener ahora dos (o más) bebés, es decir, entender que ambos van a necesitar tiempo y acompañamiento, de allí que, el hecho de que uno sea el primogénito no le convierte de manera mágica en lo que nuestras expectativas asume como "el hermano mayor".
  • En edades de consolidación del lenguaje (12 meses - 3 años) el repertorio de respuestas para el manejo y gestión de las emociones difíciles es mayor, por ende necesitará ayuda para negociar con el nuevo integrante de la familia en caso de presentarse un conflicto, ejemplo el bebé quiere los juguetes del hermano mayor y este no está dispuesto a prestarlos. Para este caso, podemos optar por respetar las decisiones del mayor, aprovechar que el pequeño o pequeña aún no percibe la diferencia entre uno u otro objeto y pedirle al mayor acuerdos de organización y liderazgo en el juego, a fin de que defina con que está dispuesto a colaborar para llevar a cabo una jornada de juegos más tranquila y divertida.
  • Los padres pueden llegar a sentirse agobiados e incluso pueden haber distancias en la pareja, todo esto como resultado del consumo de tiempo y atención que demandan los infantes, ya que el desarrollo de la autonomía del primogénito está en consolidación y el nuevo integrante aún depende por completo de los padres para su alimentación y seguridad. Para este caso la recomendación fundamental es mantener una comunicación abierta, estar preparados para hacer acomodación de esta nueva experiencia y tener paciencia para de a poco incluir la vida individual y de pareja en el tiempo de la familia.
  • Los padres pueden presionar al primogénito a alcanzar niveles de madurez emocional para los que aún no este preparado. Muchas veces los padres inician este proceso de "el hermano mayor" cargado de expectativas que escapan a las habilidades emocionales y lingüísticas de los primogénitos, a veces esperan gestiones emocionales y de conflicto complejas en niños pequeños que aún no comprenden el significado de la frase o las responsabilidades que les hemos impuesto al denominarles como tal. En este caso es recomendable hacer una valoración de eso que espero de mi hijo o hija, tratar de ser empáticos en el proceso y asertivos en las responsabilidades que les hemos demandado, para consigo mismo y para con sus hermanos.
  • El criterio de "compartir" o de tener "solidaridad" está en formación, por ende, puede llegar a ser complejo para el primogénito entender de que se trata este nuevo constructo al que está obligado a responder de modo inmediato. En este caso, la clave es ser muy paciente, obligar a un niño a compartir no lo hará más altruista, ni hará que ambos hermanos se sientan bien, por el contrario, al obligarlos a compartir o a estar "bien" con el nuevo integrante, invalidamos sus decisiones y emociones. De seguro podemos valernos de estrategias más justas y respetuosas para que ambos compartan, por ejemplo, hacer estaciones de juguetes y hacerlos rotar por la casa.
  • No podemos anticipar el impacto físico, emocional y psicológico que tendrá el nuevo embarazo sobre nuestro organismo y nuestra mente, hacer comprender a un infante que mamá quizás no le puede cargar o que mamá necesita descanso, entre otras situaciones, pudiendo resultar complejo. Para ello resultará vital el acompañamiento durante esta etapa, así como la organización y planificación en los primeros momentos del nacimiento del bebé. Facilitando el ajuste de la familia a esta nueva estructura de vida. Las madres necesitarán mucha ayuda para vivir este proceso, en especial en embarazos complicados o muy sintomáticos.

 

SEPARACIÓN MÁS LARGA (desde 4 años en adelante)

 

  • Los bebés demandan tiempo y atención, si como padres no estamos vigilantes de esto podemos llegar a ocupar muchas horas en ellos, olvidando al primogénito y sus necesidades. Si a esto le sumamos que los mayores estarán en etapas de consolidación de autonomía y por ende deseen más espacio privado, podemos llegar a caer, sin darnos cuenta, en un espacio donde poco sabremos del primogénito o invertiremos poco tiempo en este, creando una brecha en la relación. La clave para evitar esto es estar y ser consciente de que todos nuestros hijos necesitan atención especial de nuestra parte, quizá el bebé demande tiempo, sin embargo es vital utilizar las siestas y otros momentos para conectarnos con el o la mayor.
  • Al tener un hijo o hija más grandecitos podemos caer en el error de demandar en ellos responsabilidades que nos competen a nosotros como padres en el ejercicio de la crianza. La clave aquí es recordar, que el primogénito es el hermano mayor, no una versión mini de mamá y papá. Podemos pedirles ayuda, pero estar allí con ellos en medio del proceso para el cual nos están ayudando. Así mismo, ser muy claros con lo que esperamos de ellos en este proceso y tratar de hacer esto en función de despejar el horario para poder compartir más con ellos.
  • Los conflictos entre hermanos se deberán mayoritariamente a un tema generacional, puesto que los intereses varían entre ellos. Mientras uno elige babear las cosas, el otro es más cuidadoso con sus consolas de video, o mientras para uno es vital jugar, el otro preferirá conversar con sus amigos. La clave aquí es no presionar para que se de una relación, son hermanos, más allá de cualquier situación hay que estar convencidos de que se aman infinitamente. Un consejo por el que podemos optar es crear actividades en familia donde todos los integrantes participen en una que otra oportunidad. Es vital que como padres perdamos el temor de creer que si no "hago" que se lleven bien se odiarán, más bien hay que apoyarlos en el proceso del trabajo del respeto, la tolerancia y el amor incondicional, en menos tiempo del que te imaginas esa brecha de edad parecerá no existir, pues el menor conectará al mayor con su niño interno y el mayor ayudará al menor a madurar en algunos aspectos.
  • Como padres podemos sentirnos abrumados por la nueva experiencia. Una vez hemos superado todos los primeros años, es normal entrar en una fase más relajada de la maternidad y paternidad, a veces abrir nuevamente está puerta puede resultarnos complejo. Más aún cuando ya hemos adquirido otras responsabilidades personales y el tiempo se vea limitado. La recomendación para este caso es tomarse las cosas con calma, un paso a la vez. Recordemos que un segundo embarazo nos da la oportunidad de cambiar algunos detalles que superamos con el primero, ofertándole a este segundo hijo o hija una madre más relajada y con un ejercicio más confiado de su maternidad.

 

Tal y como hemos citado, es decisión de cada familia, o resultado de una noche de pasión la llegada de otro miembro a la familia, lo importante es que como padres lo veamos como una oportunidad de crecimiento y transformación. Es desde esta visión desde donde la mayoría de los factores aquí citados dejan de ser amenazas y se convierten en fortalezas.

 

Si necesitas acompañamiento para ayudarte a gestionar el proceso de toma de decisión, el embarazo o vivir una maternidad con más de un hijo o hija desde la liviandad no dudes en solicitar tu consulta online a través de info@mipsicomama.com.