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Temas diversos de interés para Madres y Padres.

Familias que gritan

 

 

Antes de dar inicio a este post te haremos unas cuántas preguntas, a las que esperamos respondas de la manera más honesta posible. Nadie estará observando tus resultados, así que sólo te engañas a ti mismo(a) si no eres veraz con tus respuestas.

 

  • En casa hablamos mayoritariamente con un tono de voz:

A) Igual o ligeramente más alto de lo habitual.

B) Casi siempre es mucho más alto de lo habitual, prácticamente gritando.

C) Es notablemente más alto de lo habitual.

  • Si algo nos hace enfadar en casa:

A) Evitamos herir a los otros con lo que decimos, aunque en algún momento subamos el tono de voz.

B) Solemos decirnos con un tono de voz alto las cosas, pudiendo llegar a ser hirientes entre nosotros.

C) Gritamos constantemente, decimos cosas que no debíamos decir y podemos llegar a agredirnos.

  • Si algún miembro de la familia se frustra normalmente sucede esto:

A) Quien se frustra puede sentirse molesto, irritable y abrumado.

B) Además de quien se frustra algunos miembros de la familia comienzan a desanimarse, mostrarse molestos o irritables.

C) Pronto todos están molestos, irritables e iracundos.

  • Las mañanas agitadas en casa son:

A) Estresantes pero manejables.

B) Cargadas de mal humor, con uno que otro grito ocasional para acelerar las cosas.

C) Estresante, llenas de gritos, quejas, violencia verbal e irritabilidad.

  • Opinar en casa es:

A) Escuchar las sugerencias de cada uno y opinar sobre ellas.

B) Escuchar uno que otro grito ocasional de quien desea que su punto de vista valga más.

C) Una guerra de gritos entre cada integrante de la familia que opine distinto.

  • Si uno de los hijos hace una rabieta es común que:

A) Le acompañemos en la rabieta ayudándole a calmarse.

B) Los adultos ordenen con par de gritos que quien tiene la rabieta se calme.

C) Los adultos no sólo le gritan al niño que tiene la rabieta sino que también se gritan entre ellos.

  • Crees que hay que gritar para ganar respeto:

A) No, aunque he gritado se que el respeto se gana siendo respetuosos.

B) A veces hay que gritar para que se entienda lo que se quiere plantear.

C) Sí, especialmente cuando los hijos desobedecen.

 

Respuesta mayoritariamente A: en casa los gritos parecen ser una rara especie, mayoritariamente en extinción.

 

Respuesta mayoritariamente B: en casa somos una familia que grita frente a situaciones de estrés, tensión y como mecanismo ante la frutración y el enojo.

 

Respuesta mayoritariamente C: Somos una familia que grita, hemos convertido el tono subido de voz en el modo de comunicación entre los miembros de la familia, llegando a herirnos o elegir ignorarnos para protegernos.

Gritar, es un mecanismo de respuesta aprendido, que se utiliza como modo defensa; algunas familias consideran solucionan a través del grito las situaciones derivadas de los comportamientos difíciles en los hijos. Gritar, es responder a la urgencia y necesidad de comunicación desde la búsqueda de validación por parte del otro. Cuando gritar es el modo como la familia se comunica asumimos que la impaciencia, frustración, cansancio, estrés y ansiedad están desbordadas, por ende llegamos a sentir que perdemos el control y no somos escuchados, valorados o tomados en cuenta. Al gritar cercenamos el trabajo de comprensión por parte de quien escucha, debilitamos el trabajo de gestión de las emociones, obteniendo como resultado resistencia o extrema sumisión, situaciones que pueden tornarse poco beneficiosas para los miembros de la familia y la unidad familiar. En medio de los gritos muchos argumentos pueden perderse, llegando a crear una especie de inmunidad hacia los decibeles altos por parte de quien recibe gritos constantemente. De ese modo, los gritos además de convertir el espacio vital de la familia en un espacio tóxico, pueden generar distancia entre los miembros del hogar, baja autoestima y pobre autoconcepto. Lo que termina por minar el mundo emocional de la familia.
Dicho de otro modo: familia que grita es igual a una familia que no se escucha. Aunque creamos que gritar nos brinda autoridad, realmente nos resta influencia en la vida de los miembros de la familia. De ese modo, al gritar podemos llegar al autoritarismo como modo de obediencia, alejando los corazones y disminuyendo las habilidades de gestión emocional de quienes forman parte de la familia.
Para cambiar este esquema lo principal es establecer un compromiso de parte de TODOS los que hacen vida en el grupo familiar para cambiar este estilo de comunicación. Acto seguido podemos hacer uso del siguiente plan de acción:
  • Toma conciencia: es importante iniciar reconociendo las situaciones que disparan los gritos. Al reconocerlo podemos poner en marcha planes para minimizar nuestra respuesta reactiva ante esos disparadores.
  • Sal de la ruta de la ira: cuando notes que estás empezando a alterarte toma distancia entre las acciones y las reacciones. Toma un minuto para pensar en el beneficio de gritar en este caso. Intenta respirar, tomar una pausa, beber un vaso de agua, en fin, todo lo que puedas para calmar tus emociones y dar paso a la razón, dar espacio a los argumentos, y ayudarte a encontrar estrategias de solución.
  • Disminuye en lo posible tu voz, la rapidez de tus acciones y el pensamiento fatalista. Muchas veces creemos que si no gritamos no tendremos resultados contundentes, cuando la realidad es que al no gritar puede que no obtengamos un resultado rápido, pero si que veamos resultados perdurables en el tiempo. Esto es debido a que cuando somos una familia que grita, nos acostumbramos a estos decibeles en la vos y por ende no respondemos ante el grito de nadie en el hogar.
  • Ponte una meta clara sobre la tarea de no gritar, toma está meta en familia, definan fechas para alcanzar la meta e inclusive recompensas familiares según vayan logrando la meta. Si puedes, lleva un diario de momentos en los que has gritado. Esto con el fin de compartir en familia estas vivencias y escuchar otros modos de responder ante situaciones similares. Recuerda que no es una competencia, es un trabajo compartido, el acento del proceso está en los padres, así que funcionen como grupo de apoyo y motivación.
  • Crea en familia un listado de alternativas ante las situaciones que te llevan a gritar, colócalas en un lugar visible para que puedas hacer uso de ellas en caso de presentarse un disparador de gritos.
  • Crea listas de frases que te inviten a la calma. Puedes colocarlas a lo largo de la casa y el auto; utiliza para ello los espacios de lugares donde siempre tiendes a gritar de ese modo evitas sucumbir a la presión. Puedes también colocarlo en un frasco y sacarlas al azar o en bolsas ziploc para usar en cualquier oportunidad. Puedes cambiar las frases semanales y dejar algunas como mantras constantes que podemos verbalizar en familia. Por ejemplo "elegimos respirar en lugar de gritar".
  • Si se presenta una sesión de gritos, córtala en cuanto seas consciente de que está sucediendo. Toma lo sucedido con perspectiva, analiza las causas y pon en funcionamiento estrategias que te permitan controlar y gestionar tus emociones en casos de tensión.
  • Utiliza otros recursos para obtener la atención de tus interlocutores, evita gritar para que te miren y obedezcan tus hijos. Si necesitas que te escuchen, procura el contacto visual y físico.

 

Si necesitas control de agresividad o estrategias centradas en el acompañamiento terapéutico para reducir los gritos en familia, no dudes buscar acompañamiento terapéutico. Puedes solicitar información de nuestras consultas online a través de info@mipsicomama.com.