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Familias con Autoridad Positiva

 

 

La palabra autoridad ha venido recibiendo mala atribuciones al ligarla con la crianza desde hace un par de décadas y es que pareciese que siempre que se le nombra estuviésemos hablando de castigo, gritos, amenazas y rudeza de parte de quien la ejerce. La realidad es que existe un modelo de autoridad paternal y maternal que puede ser aplicado en familia, basado en el amor, centrado en el sentido común y contextualizado en el respeto y el equilibrio. Hay que partir del hecho de que para las familias que optan por la autoridad positiva las normas y los límites se basan en decisiones, regulación y negociación, así mismo para estas familias la clave se centra centrar las normas en las conductas particulares que se desean para el bienestar del niño y contribuir con la tranquilidad familiar. A continuación te describimos los principios para que puedas poner en práctica la autoridad positiva en familia:

 

  • COHERENCIA: la clave de todo el proceso se centra en la igualdad de lo que decimos y hacemos, nuestro ejemplo es el fundamento de todo el trabajo en la autoridad positiva. De este modo, se entiende que no podemos pretender exigir sobre la base de aquello que no estamos dispuestos a dar, mejorar o cambiar. Es así como resulta importante tener claro el ejemplo que damos a nuestros hijos y el modelo que somos para su vida. En esta misma medida, como padres no se trata de ser perfectos, puesto que los errores también forman parte del proceso, en este sentido, con el mismo respeto y toneladas de aprendizaje de lo vivido con las que tomamos nuestros desaciertos, podemos afrontar y acompañar a nuestros hijos en los suyos. La coherencia permite además que el niño se sienta confiado, en especial cuando como padres comprendemos que debemos mantener los criterios establecidos pese a las situaciones que enfrentemos y a como nos sintamos, de este modo, por muy tensos que como padres nos encontremos las normas no se vuelven más rígidas o menos rígidas; sino que se mantienen constantes y se ajustan a medida que el niño así lo necesite, una vez mas, asegurando su bienestar y la armonía familiar.
  • CLARIDAD: las familias que practican la autoridad positiva diseñan normas concretas, con base a objetivos claros y ajustadas a la edad evolutiva del niño, de este modo, se trata de confiar en que nuestros hijos harán lo mejor que pueden hacer en función de las condiciones que como padres les permitimos. Un ejemplo claro de ello es a veces las madres de pequeños de 1 a 3años pretendemos que estos obedezcan de buenas a primeras normas verbales, esto muy pocas veces dará resultado, puedes terminar frustrado antes de lo que imaginas. Dicho de otro modo, las normas y los límites se crean para proteger al niño y garantizar la felicidad familiar, y para ello, nada mejor que hacerle saber y sentir exactamente lo que se espera de ellos, ajustado a sus competencias evolutivas y características personales.
  • AJUSTAR: en las familias con autoridad positiva no existe la rigidez, ni los moldes, al contrario todo se versa en el ajuste de las normas y los límites a las realidades de nuestra familia, respetando la individualidad de nuestros hijos y con acento especial en lo que como padres estamos dispuestos a hacer y no hacer. De este modo, en la autoridad positiva cabe la negociación, la escucha y la espera por los tiempos individuales. Así como te resultaría difícil ajustarte a normas que van en contra de lo que te "enseñaron en casa" del mismo modo a nuestros hijos se les hace complejo ajustarse a normas y límites que no respetan su tiempo histórico, desarrollo evolutivo, características individuales y tiempos personales. Es así como las familias con autoridad positiva optan por dar tiempo para que los aprendizajes se den, las autorregulaciones hagan su aparición y El Niño haga suya la norma, valorando siempre sus intentos por alcanzar lo que se espera de el, sin presionarle ni presionarnos nosotros como padres en el intento. Cuando no nos ajustamos permitimos que sentimientos como la rabia, la frustración y sensaciones como la impotencia y la culpabilidad nos hagan explotar, de manera reactiva gritando, perdiendo la paciencia pudiendo llegar a ser violentos, siendo autoritarios o amenazantes; o en otros casos cayendo en el terreno de la permisividad o ceder sin objetivos claros.

 

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