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Cuando el apego se convierte en un problema

 

 

Siempre se ha planteado la importancia de dedicar tiempo de calidad a nuestros hijos, conocemos que al compartir con ellos poco tiempo los exponemos a convertirse en niños inseguros, ansiosos, con miedos y hasta retraídos.

 

Los trastornos del vínculo, relacionados específicamente con los modos como un sujeto maneja el apego, se manifiestan luego de producirse rupturas traumáticas en el binomio madre-hijo, especialmente en las edades mas tempranas. Situaciones como estar en incubadoras, abandono, maltrato, separaciones, ingresos a centros de acogida, adopciones, entre otras, suponen un riesgo potencial al desarrollo adecuado de un sistema de apego seguro, lo que pudiese terminar produciendo trastornos importantes en la vinculación. Ahora bien, la realidad es que no se necesitan vivir situaciones tan extremas para poner en riesgo la seguridad emocional de los hijos: ingreso temprano a la jornada laboral, largas horas de trabajo de los padres, ingresos tempranos a guardería, comprometen el tiempo de calidad necesario para que madre e hijo completen la unidad emocional necesaria que brindará seguridad al niño antes de salir al mundo. Es por ello que comúnmente vemos a niños poniendo a prueba el amor de sus padres, esto como un modo para responder a las alteraciones en la vinculación producto del apego inseguro o ansioso.

 

Es claro que la función primordial del vínculo o apego establecido por el niño, en sus primeras etapas evolutivas con las figuras que lo cuidan (en especial madre y padre), obedece a una necesidad vital de reducir la ansiedad que permita el afrontamiento de situaciones generadoras de ansiedad, de este modo, cuando se priva de esta necesidad se le deja desprovisto de recursos de afrontamiento, produciéndose dos tipos de problemas principales en la vinculación:

 

  • Tipo Inhibido: en este caso la alteración principal que muestra el niño es la ansiedad, se comportan temerosos, inseguros, desconfiados del entorno, temerosos del futuro. Otros niños pueden presentar somatizaciones frecuentes (dolores de cabeza, supuestas enfermedades para conseguir la atención de la madre). Pueden aparecer manifestaciones verbales del tipo "nadie me quiere" o "me gustaría morirme". De hecho este tipo de trastorno del vínculo puede derivar hacia un cuadro depresivo.
  • Tipo Desinhibido: en este caso el patrón de comportamiento es mas reactivo, tienden a mentir, a mostrarse agresivos, impulsivos, desatentos, dispersos. Así mismo presentan una sociabilidad indiscriminada o una ausencia de selectividad en la elección de figuras de vinculación. En esta tipología, las conductas distuptivas surgen como forma de reaccionar a un mundo que perciben fuera de su control.

 

Para intervenir sobre estas alteraciones en el apego y la vinculación en edades tempranas, el terapeuta buscará reforzar la línea emocional del niño. Se trata que el niño gane confianza poco a poco, primeramente en sí mismo y seguido en los otros, a medida que se le proporcionamos un mayor apoyo afectivo por parte de las figuras de referencia y un ambiente predecible y estable. Así mismo, se busca que los padres abran espacios para que el niño valide y deje fluir sus sentimientos y emociones. Escucharle, acompañarle, conectarse con el mundo interior infantil, serán la mejor manera de construir un joven sin complejos y con buena autoestima, especialmente felices y seguros de sí.

 

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