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Más allá de las rabietas esperadas

 

 

Mucho se ha escrito acerca de las rabietas y su manejo respetuoso que garantiza en gran medida que el niño o la niña logren gestionar de modo satisfactorio el enfado, sin embargo, pese a la información que se posea, el acompañamiento de la misma va a depender de la forma como los padres vivamos estas respuestas emocionales, es por ello que este post va dirigido a ampliar algunos elementos relacionados con las ideas asociadas al manejo respetuoso de las rabietas, berrinches, pataletas y conflictos infantiles.

 

  • REDEFINIENDO LAS RABIETAS:

Uno de los aspectos que saltan a primera vista en medio de la situación asociada a las rabietas es la definición con la que la hemos cargado, de ese modo, la manera como codificamos las rabietas van a enmarcar nuestras reacciones y modos de conectarnos con las soluciones que para ella operan. Conceptualmente, una rabieta es una respuesta liberadora que surge como manifestación de la contención emocional y física producida por el enfado y/o la frustración. De este modo, hablar de rabietas NO ES HABLAR de "malos comportamientos", ni de "conductas inadecuadas", ni mucho menos de "conductas problema", pues estas en si misma no son mas que expresiones puntuales de las emociones que los niños experimentan. El detalle es que como padres, muchas veces, tenemos temores y culpas asociados a la idea de que nuestros hijos experimenten emociones como la rabia y la tristeza, de allí que ante su aparición actuemos en función de aplacar su respuesta emocional, en lugar de permitirle al sentimiento fluir desde el acompañamiento. Un niño o una niña utilizan una rabieta para liberar el enojo, comunicando para ello su necesidad a través del uso de los recursos comunicacionales que posee, por ello una rabieta surge con manifestaciones como el llanto, la descarga física (pataleo, manotazos) y conforme el niño y la niña adquieren mayores competencias evolutivas otros recursos se van sumando como el lenguaje.

 

  • LA FUNCIÓN REGULADORA DE LAS RABIETAS:

El cerebro del niño va madurando desde el momento del nacimiento y hasta aproximadamente los 4 años de edad, durante este periodo, denominado por algunos autores como periodos sensitivos los niños van adquiriendo competencias y modificando las estructuras de su cerebro en función de los alcances y logros que su entorno les permite alcanzar. Es así como las rabietas se corresponden como manifestaciones de necesidades insatisfechas resultantes de la percepción agudizada de que algo está fuera de lugar o que no va del modo como se esperaba, son una especie de alarma cerebral que gesta respuestas emocionales acordes a las habilidades cerebro/neuronales que el niño o la niña poseen de momento. Los niños van madurando el Cortex cerebral y junto con ese alcance evolutivo las emociones van encontrando su cauce. Como padres muchas veces esperamos que los niños respondan de tal o cual manera ante las situaciones, sin entender y aceptar que simplemente no están equipados del todo para evitar el desbordamiento emocional resultante del enfado o la frustración de percibir algo fuera de lugar, que no se corresponde con lo esperado o que representa para ellos un peligro. Así mismo, las rabietas se van regulando y acomodando como respuestas cerebrales, en un inicio (18 meses 4años) se sitúan en el Cortex inferior, de modo que surgen de forma incontrolable y se desarrollan hasta que liberan toda la tensión resultante del enfado o la frustración, pero cerca de los 4 años comienza a situarse en la Cortex superior, pudiendo ser minimizadas y controladas a través de la toma de conciencia sobre las emociones, ejercicios de relajación auto dirigidos y otras formas o estrategias de autocontrol. Es por ello que resulta importante conectar, flexibilizar, acompañar y redirigir la emoción cuando se habla de modos para atender la rabieta y solucionar su aparición.

 

  • LAS RABIETAS SI SON UNA MANIPULACIÓN, PERO NO SON UN ACTO DE TIRANÍA:

Muchas veces escuchamos: "te está manipulando con esa rabieta", esta frase obedece a la concepción de que el niño o la niña son seres viles que intentan a toda costa violentar la paz de sus amorosos y pobres padres. Esta Concepción dista totalmente de la verdad que se articula tras las rabietas y su necesidad de acompañamiento, la realidad es que la manipulación que hacen los niños durante las rabietas es un modo de defensa, una búsqueda genuina de protección, afecto y cuidado. Dicho de otro modo, intentan llamar nuestra atención porque evolutivamente nuestra simbiosis cuidador/hijos les enseña que nos necesitan para solucionar la tensión emocional que están viviendo. Los adultos somos la referencia cercana, real y simbólica de los modos como los niños aprenderán a canalizar sus respuestas emocionales, además de que somos su punto de apoyo principal para la gestión y solución de los problemas que se les puedan presentar, por ello hacen uso de nosotros, nos manipulan positivamente para alcanzar un fin y solventar exitosamente una situación. Cuando como padres decidimos ignorar una rabieta o castigarla, enviamos un mensaje contradictorio, que por un lado violenta el mundo emocional del niño o la niña y por el otro lado les coloca en una posición de indefensión ante las emociones complejas que deben manejar, si a esto le sumamos que les enseñamos que lo que hace no da resultado, entenderemos porque en años subsiguientes al uso del famoso "ignorar la rabieta" muchos niños y adolescentes tiene dificultades para acceder a todo su potencial de liderazgo, defender su punto de vista sin frustrarse, manejar empática y asertivamente sus relaciones con los conflictos y el entorno.

 

  • CONTROLAR O NO CONTROLAR, HE ALLÍ EL DILEMA:

Como padres muchas veces nos aferramos a la idea del control, en especial del control sobre las emociones de nuestros hijos. Como resultado, eso que no nos va, se convierte en nuestro peor enemigo. Las rabietas como respuestas emocionales no necesitan control, necesitan comprensión, conexión, acompañamiento y redirección de la energía para encontrar una solución. Por ello es vital bajar la velocidad y dejar que la rabieta fluya, controlando lo que podemos: el entorno. Para nadie es un secreto que cuando los padres nos sentimos evaluados y juzgados nuestras ansiedades se disparan, al mezclar nuestros estados de tensión con las respuestas emocionales del niño o la niña, lejos de brindarle apoyo me puedo transformar en un factor de riesgo para el desarrollo natural de la rabieta. Centrar la atención en la causa para evitar que se de puede ser un primer paso, pero si ya la expresión emocional del enfado y la frustración han hecho aparición consolar, conectar y acompañar pueden dar mejores resultados que resolver la causa, pues muchas veces ya el niño o la niña habrán mudado la intención de la rabieta, dejándonos desprovistos de modos de intervención. Cuando nos conectamos podemos ayudar a salir de manera más efectiva y eficaz de la rabieta pues logramos ver en el entorno potenciadores de soluciones en lugar de generadores de problemas.

 

  • CADA NIÑO CON SU RABIETA Y CADA RABIETA CON SU NIÑO:

Las diferencias individuales marcarán el modo como cada niño hará frente a los enfados y pondrá en marcha sus rabietas, claramente no todos los niños tendrán desbordamiento en forma de pataletas, así como no todos optarán por pegar o pegarse, con esa misma singularidad algunos se dejarán abrazar y contener, otros no permitirán ser tocados, unos durarán minutos otros horas. Para algunos serán episodios aislados y de fácil comprensión de la causa, así como rápida solución, mientras que para otros serán una constante con múltiples focos causales y soluciones más complejas; de este modo, cada familia necesita vivir los modos como sus hijos experimentan las descargas y comunicaciones de las necesidades que producen los enfados y las frustraciones, encaminándose a la gestión acompañada de las soluciones, partiendo de la verbalización de la situación, que vaya permitiendo a la cortex superior del cerebro ir ganando espacios de regulación, así como madurando como padres el acompañamiento, la conexión y el manejo asertivo de la situación.

 

Si deseas acompañamiento para mejorar tus modos de relación con las rabietas y los enojos o frustraciones que puedan manifestar tus hijos, así como herramientas para comunicarte asertivamente con ellos puedes solicitar información de nuestro servicio de consultas online, a través de info@mipsicomama.com.