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Mi Hijo tiene Conductas Agresivas

 

 

La agresión como respuesta conductual es una forma física violenta utilizada para dar salida a las tensiones producidas por la rabia, sucede especialmente en momentos cuando esta no puede manejarse de manera verbal o necesita liberación a través del cuerpo.

La rabia es una emoción que debe ser entendida, aceptada y acompañada para su gestión tal y como las otras emociones. Diversos estudios en el campo de la psicología demuestran que ambientes y estilos de crianza hostiles, poco comunicativos y con límites (normas de convivencia) inexistentes o difusos son espacios propensos para la formación de respuestas principalmente agresivas ante la rabia.

De ese modo, se entiende que la salida a la rabia no necesariamente debe ser a través de la agresión y que esta última es el resultado de una gestión poco efectiva de esta emoción.

La rabia desde casi los 18 meses y hasta mediados los 3años de edad podrá ser mayoritariamente expresada a través de acciones corporales, esto producto de la formación preverbal propia de la edad; así mismo, durante esta etapa los niños requerirán de mayor acompañamiento por parte de los adultos para manejar o gestionar efectivamente sus episodios de rabia.

Esto debido a que el control del niño está principalmente dirigido por el cerebro medio (límbico-emocional), de ese modo al no tener completamente desarrollada la parte superior del cortex cerebral sus emociones se tornarán más intensa y su resolución requerirá intervención de un adulto mediador.

Una vez que el lenguaje toma su rol protagónico en las interacciones de los niños, entonces la rabia puede comunicarse de manera verbal y su liberación podrá hacerse a través de otros recursos.

Hablar de agresividad es referirnos a una serie de conductas violentas o iracundas que buscan dañar o herir a otros, a algo o a sí mismo, se pueden enumerar en las siguientes reacciones retractivas:


•Golpear, patear, empujar, halar, tirar, morder, arañar, atacar, lesionar, ejercer malos tratos en otros o en sí mismo.
•Lanzar, romper, arrebatar y deteriorar intencionalmente objetos.
•Gritar, gruñir, decir palabras malsonantes (groserías o palabrotas, palabras vulgares) o utilizar formas verbales que amenacen o provoquen emociones como rabia o tristeza, hieran, lastimen la integridad del otro.
•Humillar, vejar, amenazar, faltar al respeto, ofender, injuriar, maltratar psicológicamente a otros.
•Ejercer violencia o malos tratos a nivel sexual sobre otros o sobre sí mismo.
•Mostrar objetos que pueden producir daño y amenazar con hacer uso de estos sobre objetos, personas o si mismos.

Una vez atendido estos puntos sobre las agresiones, respondamos algunas interrogantes sobre el tema:

¿QUÉ CAUSA LA AGRESIVIDAD?

Como hemos puntualizado en los bebés conviven todo tipo de reacciones sin filtro y con mayor intensidad ante las emociones. De este modo un acompañamiento y gestión adecuada de estas reacciones le permitirá al niño ir graduando sus respuestas ante la tensión que produce la rabia e ir aprendiendo modos más inteligentes (emocionalmente hablando) y asertivos para dar solución a los conflictos que se presenten.

Por su parte, si en lugar de ser modelos de gestión de la rabia los padres elegimos reaccionar con hostilidad, ira, poca o nula comunicación de seguro estaremos validando la respuesta de agresión como modo de gestión de la emoción. Esto ya que un modelo coercitivo de crianza incrementará las conductas violentas como resultado de la escalada o de la reacción del otro ante nuestras emociones. Es decir: si los padres ejercen modos violentos de reacción ante la agresión de los hijos, la interacción de la ira incrementa la intensidad de la violencia.

En una segunda instancia, elegir el camino contrario a la hiperreactividad, la hiporeacción y no hacer nada ante los arrebatos de ira de nuestros hijos también abrirán una puerta hacia el uso sostenido de respuestas agresivas ante la rabia. De este modo, si un niño obtiene lo que desea al hacer uso de la violencia y agresividad, este punto reforzador le hará seguir intentando respuesta de este tipo para alcanzar lo que se plantea.

Una tercera estilo de crianza, donde los padres elijan reprimir la rabia convierte a los niños en una olla de presión, donde en el momento menos esperados y como producto de la acumulación de la tensión los niños terminan reaccionando con irritabilidad, impulsividad agresión. Muchos padres han vinculado la rabia con rechazo y centran sus acciones en evitarla a toda costa o reprimirla en su aparición, como resultado los enfados se transforman en una emoción no aceptada, prohibida; centrados en esta lucha de poder la rabia reprimida comienza a encontrar salida en espacios sin vigilancia, o en donde los padres o cuidadores no estén presentes, evitando que se realicen intervenciones puntuales y adecuadas que puedan ayudarle a los niños a identificar y gestionar sus emociones.

También es importante observar y considerar la posibilidad de factores biológicos y neurológicos que activen este patrón de respuestas. Niños hipersensibles pueden ser más reactivos en sus reacciones, así mismo niños que presenten alteración en los mecanismos neuro-biológicos inhibidores o efectos reactivos desajustados o desadaptativos son importantes que sean evaluados por especialistas.

¿QUÉ HACER ANTE EPISODIOS DE AGRESIVIDAD DE NUESTROS HIJOS?


Como vemos parte del proceso se centra en ir convirtiendo cada día nuestro espacio de crianza en un lugar donde las emociones tienen su justo lugar, donde además podemos sentir y donde los padres/ cuidadores pueden acompañar y guiar a los niños a la solución de sus conflictos. Con estas bases en mente:

•Evalúe el modo como se ha gestionado la agresión hasta el momento y procure que ante la rabia se puedan ofertar alternativas que permitan a los niños:
1. Entender sus emociones.
2. Comunicar sus emociones.
3. Respetarse y respetar los objetos y a otras personas.
4. Encontrar modos para liberar la rabia sin agresión o violencia.

•Fórmese y guíe a sus hijos en el manejo de las emociones en especial el enfado y la frustración, esto a través del desarrollo de competencias basado en la inteligencia emocional.

•Es importante valorar los límites (normas de convivencia) instauradas en el hogar, evaluar si la misma permite la aparición y repetición constante/sostenida de acciones que dañen la integridad personal de otros y de las cosas. De ser así hay que construir un nuevo sistema de valores en el hogar, a fin de definir límites y consecuencias sobre estas acciones.

•Apoye y estimule cada oportunidad en la que los niños elijan comunicar sus emociones y liberar sus tensiones por medio de acciones no violentas.

•Oriente y demuestre a sus hijos modos alternos para descargar la tensión producto de la rabia. Incluso puede inscribir a sus hijos en actividades y disciplinas donde puedan trabajar esta energía como karate, natación, pintura, yoga entre otras. Está demostrado que los niños que tienen más espacios libres y de juego tienden a tener menos respuestas agresivas que aquellos con horarios controlados y actividades excesivas.

•Minimice la posibilidad de que los niños presencien escenas violentas, estas fácilmente pueden convertirse en un modelo a seguir.

•Si su hijo a agredido a alguien, primero centre su atención en ayudar al agredido, luego tome un espacio para conversar con su hijo sobre lo sucedido, escuche lo que este tiene que decir sobre cómo se sintió con lo vivido y aproveche la experiencia para pautar estrategias de autocontrol y gestión de la rabia. Establezca consecuencias lógicas ante la conductas negativas que espera su hijo modifique.

Si nota que la conducta agresiva se está convirtiendo en un patrón constante y necesita acompañamiento terapéutico para reducir su aparición puede hacer uso del servicio de consulta Online que le ofertamos en mipsicomama, con atención dirigida por un especialista de la conducta infantil y psicologo. Para pautar su cita o conocer el servicio escriba a info@mipsicomama.com