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Mamá, papá: ¿Quién trae los regalos?

 

 

Esta es un consulta que he recibido en par de oportunidades sobre este tema de decir o no a los niños quién trae los obsequios en navidad, o a qué edad considero que es adecuado decirles la verdad. Ante estas interrogantes, me remitiré a la mejor respuesta que se puede esgrimir para el tema: es una decisión enteramente familiar, sin embargo, esgrimiré algunas consideraciones sobre el tema.

Primeramente, no existen estudios que respalden la idea de que al alimentar la creencia en estos y otros personajes que viven en el mundo imaginario de los pequeños genere algún trauma psicológico de mayor envergadura, en efecto un estudio realizado por Carl J. Anderson y Norman M. Prentice, sobre la reacción de los niños al conocer la verdad sugiere que la mayoría de los niños no resultan desolados del todo al descubrir la verdad y, en segundo lugar, que cualquier malestar emocional que puedan sufrir debido a ello, es de una duración extremadamente corta, en especial cuando son ellos mismos quienes conducen este descubrimiento y cuando son contenidos de manera afectiva, cercana y cariñosa por parte de sus padres. Además de ello, estudios adicionales, sobre el mundo imaginario de los niños explica que cuando las fantasías son acompañadas y respetadas por los adultos, tienden a convertirse en una fuente de creatividad, sensibilidad y espacio para que el niño comunique libremente sus pensamientos e ideas.

De este modo, como padres podemos disfrutar libremente de las fantasías que los niños crean o compartir los valores y creencias relacionados con los personajes de la navidad, en la medida en la que más allá de ser un personaje que les trae obsequios es alguien que les transmita ideas de que sus sueños y fantasías son tangibles, en especial en edades sublimes para ello.

Bajo este concepto, más allá de las elecciones que hagamos como padres en relación a acompañar o no esta creencia, se esconde el sentido que le demos a la misma, pues si santa, papá noel, el viejito pascuero, los reyes o el niño Jesús se transforman en objeto de manipulación o toman carácter disciplinario (como amenaza para castigo o como recompensa de comportamiento), la incongruencia aparece y la gestión sobre los limites quedan fuera del hogar, con un agente externo que aparece solo en épocas navideñas. De allí que la invitación es a considerarles como un personaje positivo, que trae valores y que conlleva a la humildad, el compartir, el creer que todo es posible, el dar y agradecer.

Con respecto al tema de cuándo decir la verdad, considero que lo ideal es respetar la primera infancia y su modo de pensamiento absoluto y concreto, conforme avanzan de edad (6años o más) explicarles el sentido del obsequio ligado mas al trabajo y como agrado de los padres que como algo que mágicamente aparece en sus casas, podemos guiarlos a través de los valores de la navidad, incentivando en ellos actos de generosidad para con los otros. Es por ello que considero que es importante dar lo que podemos, mas que afanarnos con sobre saturar a los niños de presentes, que muchas veces no son utilizados por ellos o que no son aptos para su edad, así como motivarles a vivir la magia del ambiente navideño ligado a los valores que se practiquen en el hogar. Así mismo, podemos ir tomando los indicios que ellos nos dan para irles acompañando en el proceso de descubrir la verdad, de este modo, ante cualquier duda de los niños responda con la verdad, podemos encontrar modos de suavizar el proceso, historias para llevar la creencia a un buen fin desde la transición, de modo que los niños no pasen por un periodo muy largo de desolación y nostalgia al conocer que sus personajes de fantasía realmente no traen obsequios. De ese modo, podremos ligar el descubrimiento de la verdad con madurez y autonomía, en especial si respetamos el proceso del niño de saberla y le conducimos a conocer las historias de estas creencias o les animamos a escuchar las vivencias cercanas en torno a estos personajes.

Como consideración final, evite postergar la verdad con mayores mentiras, o hacer sentir al niño mal si este sigue creyendo aunque usted considere que la edad de terminar la fantasía ha llegado, así mismo, tenga especial cuidado con niños mayores y sus modos poco amigables para hacerle saber a otros más pequeños la verdad, evitando así que niños sean víctimas de burlas por creer en algo que otros han descubierto que no es realidad tal y como se los hemos presentado.

Finalmente, recuerde que cada familia es un mundo, así que al respetar su proceso individual podrá abrirse a comprender las creencias y vivencias que se dan del otro lado de la cerca.