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¿Cuántos regalos son muchos regalos?: Navidad Consciente

 

 

La Navidad es una fecha mágica, en especial para los niños quienes la esperan y disfrutan por todo lo que representa: momentos de vacaciones, en familia, con rituales y fiestas divertidas, que además conllevan recibir regalos.

Es normal que como padres, producto de nuestros historiales de crianza o como resultado de los bombardeos publicitarios (a los que no escapamos) sintamos el deseo de adquirir muchos regalos para nuestros hijos, en especial gracias a la oferta variada de juguetes que existen en el mercado, mismos que se hacen cada vez más atractivos, dinámicos y que cumplen funciones educativas y lúdicas. Partiré de una premisa fundamental para responder esta pregunta: cada familia elige lo que es mejor para ellas, pero al mismo tiempo te invitaré a elegir conscientemente sobre la base de tres puntos a considerar.

1. LO QUE COMUNICA EL REGALO:
Un obsequio es en sí misma una forma de comunicación, un agrado para quien lo recibe que genera bienestar y satisfacción a quien lo da. De modo que explora qué intentas como padre/madre comunicar con cada regalo que compras, vigilando que los mismos no sean una forma de alivianar la culpa de no poder estar con ellos el tiempo que quisieras, o que no sea un modo de "entretenerlos" y generar desconexión entre los miembros de la familia o que los mismos vengan a sanar heridas personales como: yo nunca recibí tal o cual cosa y no pretendo negársela a mis hijos.

Ten especial cuidado además en lo que te dices a ti mismo cuando adquieres los regalos para tus hijos, que intentas decirte en forma de: solo compro los más costosos o lo mejor, pues esto se convierte en una especie de paliativo emocional que intenta curar necesidades no satisfechas en ti como adulto, más allá de las necesidades reales de tus hijos.

De este modo, un regalo, debe ser reflejo de amor, respeto y acompañamiento, para ello su elección más allá del costo o el número de los que demos, puede estar asociada a el momento evolutivo de nuestros hijos, sus gustos y necesidades, que sean y garanticen aprovechamiento, que les permitan momentos lúdicos y a la vez que les provean de herramientas de carácter educativo.

2. ENFOCARNOS EVITA FRUSTRARNOS:
Muchas veces los niños hacen listas inmensas de regalos que desean, o van a lo largo de los meses finales del año alternando deseos de Navidad que se transforman en sugerencias de lo que quieren para estas fechas. Como resultado, podemos caer en el error de adquirir para ellos más de un objeto poco práctico que al final no desean o simplemente no es adecuado para ellos, llenando la casa de objetos sin sentido que casi nunca usan. La publicidad aquí nos juega de revés, pues los niños pueden ser condicionados a través de ella a querer tales o cuales objetos que realmente poco o nada tienen que aportarles y que les convierte más bien en sujetos pasivos del consumismo.

Para ello, enfócate y ayuda a tus hijos a mantenerse enfocados, cuando son pequeños los obsequios son mejor aceptados pues no hay un deseo específico, pero conforme crecen podemos irles pidiendo que nos expliquen exactamente qué desean y por qué, para nosotros ir orientando nuestras búsquedas. En estas búsquedas puedes ir descartando objetos o juguetes que cumplen funciones similares a los que ya poseen, ayudándoles además a reencontrarse con juguetes que ya casi no usan.

Durante este periodo de orientación es importante ayudarles a manejar la frustración que pueda surgir si no reciben lo que desean (bien sea porque no está en el mercado a nuestra disposición, no está a nuestro alcance económico o no lo consideramos adecuado para su edad, o sus necesidades). Hay que vincular la idea de que el regalo en sí mismo es una fuente de placer, pues es entregado con amor, se tomó para ello tiempo y dedicación en su elección/obtención e incluye que hay que ser pacientes para lograr los objetivos que nos planteamos.

Recuerda que los deseos infantiles se van haciendo cada vez más complejos en la medida que crecen, de modo que hay que vivir las etapas de juego motor, lúdico previo a las de juegos tranquilos y de poca activación motriz.

3. REDISTRIBUIR PARA MANTENER LA NOVEDAD
Nuestros hijos pueden recibir múltiples regalos de parte de seres queridos, de modo que podemos comunicarnos con ellos para lograr que los obsequios que recibe se complementen y evitar saturar al niño de estímulos similares, que lejos de resultarles positivos se conviertan en sustitutos unos de los otros.

Para ello hay la opción de almacenar y otorgar a lo largo del año o conversar con familiares y amigos para distribuirse las peticiones del niño que hemos decidido que formarán parte de lo que recibirán este año. Recuerda que un regalo no es una medida de amor, ni es un compromiso adquirido como padre o familiar, de modo que cada persona que desee acompañarte en su justa medida a elegir obsequios de manera consciente puede hacerlo, quien no, será respetado pero igual deberá estar condicionado a los filtros que como familia hayas dispuesto para los objetos y juguetes que reciben tus hijos.

Como consideración final recuerda que:

•Los regalos que les otorgamos a nuestros hijos surgen de nuestro amor y no están condicionados a la manipulación ni al chantaje de "portarse bien es igual a recibir muchos regalos". Un regalo no es una medida disciplinaria, es un agrado que otorgamos y que lleva consigo una carga de respeto hacia su persona.
•Un obsequio no sustituye la función materna/paterna de guía, amor, acompañamiento y cuidado. De modo que elige siempre objetos que vinculen y conecten en lugar de aquellos que desconecten.
•Un regalo no debe una muestra de cuán prósperos somos, sino una extensión de nuestro respeto a sus necesidades, que les permita además desarrollar nuevas habilidades y alcanzar potenciar nuevas competencias.
•Un regalo no debe convertirse en una fuente de estrés para la familia, ni de frustración para padres e hijos. De modo que es importante hacer una lectura de las necesidades que intentamos cubrir con el, pues un regalo es un complemento, no un requisito funcional en nuestra vida familiar.
•Un regalo debe comunicar valores familiares positivos que inviten al niño a explorar nuevas formas de convivencia, civismo, humanidad, respeto y autonomía. De modo que la felicidad este más en recibir en sí mismo que lo que se recibe perse.